google-site-verification=FRCu69N9a4YBX7KF3q4H3foYbM2P4dGbY Marxismo y mercados: Economía Política- El mercado y su eficiencia

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Economía Política- El mercado y su eficiencia

 

¿Es democrático el mercado?

 

Según la teoría económica burguesa las preferencias individuales de los consumidores se reflejan en los precios del mercado, por lo tanto, la demanda de un bien está determinada por la elección que hacen, dada la escasez relativa de los bienes disponibles.

La canasta de consumo de un conjunto de consumidores surgiría de la suma de las preferencias de los mismos. De esta hipótesis surge la crítica hacia un sistema de economía planificada basada en la imposibilidad de lograr “la función objetivo” es decir lograr la agregación del objetivo planteado y su peso relativo por parte del órgano planificador.

El economista Kenneth J. Arrow planteó en 1951 un teorema denominado la paradoja de Arrow. El mismo expresa que cuando los votantes tienen tres o más opciones no es posible planificar un sistema de votación que satisfaga las preferencias individuales en forma total.

En el caso de las decisiones estrictamente económicas, la imposibilidad de deducir un orden de preferencias sociales conlleva, como un caso específico, la imposibilidad de expresar una preferencia social por un paquete de bienes en lugar de otro.

Podemos imaginar que en el mercado existe un mecanismo de votación en la medida en que los consumidores votan por una canasta determinada. En ese sentido la demanda agregada la podemos imaginar como una suma de las demandas agregadas de los consumidores o demandantes.

Pero nada impide que si existe un organismo planificador que programe dos canastas de bienes. A posteriori serán los consumidores quienes manifiesten sus preferencias a partir de elecciones individuales.

Sin embargo, en la teoría neoclásica parece que únicamente el mecanismo de mercado asegura la decisión ideal a partir de las preferencias individuales.

La pregunta que surge es acerca de la posibilidad de que solamente sea posible lograr, a través del mecanismo impersonal del mercado, cuando el planificador puede definir las canastas de opciones de consumo.

Lo que ocurre de verdad en la economía capitalista es que el mercado no es democrático desde el momento que los consumidores valen de acuerdo al tamaño de su billetera. Pero este argumento no entra en el modelo.

Al decir de Dobb (1955)   el mercado no funciona como una votación “una cabeza un voto”, en el mercado el equivalente es “un dólar un voto”.

Por tal razón la participación de los consumidores en el mercado está condicionada a su capacidad de gasto, si tenemos en cuenta la creciente desigualdad en la distribución del ingreso es notorio que el mercado de democrático tiene poco.

Lo llamativo es que el teorema de Arrow se presenta como argumento en contra de las posibilidades de planificación de la economía.

Dentro de los postulados de la ideología burguesa el tema de la democracia económica, es decir los derechos de voto de los consumidores como personas, no por su poder adquisitivo, es un tema político que, por lo tanto queda fuera del ámbito de los modelos económicos.

Si fuese tan perfecto y democrático el mercado ¿Cómo se explican las crisis recurrentes que requieren una participación activa del Estado para salvar los escollos?

En la práctica mientras los economistas liberales cantan loas al mercado desregulado, ante los desajustes aparece el Estado con política económica, los organismos internacionales y también aprovechan las multinacionales para beneficiarse con los desequilibrios.

Por supuesto la planificación dentro del esquema capitalista tiende a asegurar la supervivencia del sistema, optimizando las oportunidades de mayores beneficios para las empresas.

El Estado burgués, al defender la empresa se defiende a sí mismo. Asegurando el proceso de acumulación que es un requisito básico de la continuidad del sistema.

Pero, así como el Estado burgués tiene herramientas para racionalizar la producción, con el objetivo de la supervivencia del capitalismo, es lógico afirmar que un Estado democrático tiene todas las posibilidades de planificar el funcionamiento de la economía de acuerdo a las prioridades de los sectores más necesitados.

Es decir, planificar el proceso productivo y del crecimiento de la producción en base a las necesidades prioritarias de los sectores populares.

En ese aspecto los mismos programas y desarrollos utilizados por las empresas capitalistas pueden ser aplicados por las empresas de un estado socialista.

El argumento acerca de que las empresas socialistas son menos productivas que las del sistema capitalista, por la menor posibilidad de incentivos, no es aplicable, excepto admitiendo que la empresa capitalista tiene mayor productividad: producto de una mayor tasa de explotación.

En el mercado capitalista son los objetivos de los consumidores individuales, de acuerdo al poder adquisitivo de cada consumidor los que determinan la asignación de los recursos. En una economía planificada la asignación está a cargo del planificador de acuerdo a las decisiones políticas que determinan los objetivos.

La discusión acerca de la posibilidad de funcionamiento de una economía planificada no debe relacionarse entonces con temas como la irracionalidad o ineficiencia; la planificación de mercado socialista ubica objetivos diferentes respecto a los planteados en la sociedad capitalista.

En la economía capitalista predominan los objetivos de los que tienen poder de compra, en la economía socialista es el planificador quien determina los objetivos en base a las necesidades sociales.  Inclusive el planificador es más eficiente al contemplar no solamente objetivos sociales sino también cuidados ecológicos, sanitarios y de justicia social. El planificador se anticipa a los objetivos, el resultado ex post se utiliza para ajustar el funcionamiento.

Algunos críticos burgueses argumentan la incapacidad del planificador para conocer las cantidades a producir según las necesidades objetivas y las preferencias subjetivas de los consumidores.

Con el avance revolucionario de la informática y los big data esta afirmación parece quedar un tanto obsoleta.

En lo referente a la canasta de consumo básico de bienes y servicios resulta hoy posible acceder a datos consistentes para estimar la demanda.

Una elaboración especifica requieren la satisfacción de las preferencias subjetivas. Durante los primeros años de la URSS solo se planificaba en base a cantidades (tantos millones de pares de botas, etc.) todas iguales o muy parecidas.

Este sistema provocó la acumulación de stocks de productos que la población rechazaba a medida que el nivel de vida crecía y la demanda de los consumidores se hacía más “sofisticada”.

Esta circunstancia determina que el organismo planificador analice los resultados de stocks remanentes y de encuestas de consumo para ajustar las directivas del plan.

¿Puede el mercado capitalista lograr mejores resultados?

Si observamos por ejemplo la cantidad de alimentos que en las economías desarrolladas se eliminan diariamente, cantidades que pueden solucionar el problema del hambre en el mundo, la conclusión es que el mercado burgués lo que menos tiene es democracia.

Ante esta realidad, teniendo en cuenta las restricciones al consumo que imponen los presupuestos individuales, no podemos afirmar como lo hacen los economistas austriacos, que en el mercado se expresan libremente las preferencias de los consumidores.

Los sensores de mercado dicen, permiten definir si un rico prefiere un Mercedes o un Porsche o que un niño de un país pobre prefiere leche a un líquido que no lo alimente. Probablemente el rico puede comprarse el Mercedes, el niño de África tendrá que conformarse con lo que haya.

 

 

 

 

 

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