¿Por qué un sector de los trabajadores de bajos ingresos y los
jóvenes votan a la ultraderecha?
La evolución de la economía en los países un proceso de
desindustrialización, precarización laboral, dificultad de acceso a la vivienda
y la reducción o anulación de políticas sociales que golpea con intensidad a
los sectores populares y en especial a la juventud.
En ese contexto surge en los sectores marginados la ira, el
miedo y la incertidumbre y, además, la sensación de abandono político.
Se propaga la sensación que tampoco los partidos de
izquierda (la socialdemocracia o sectores de izquierda, con sus propuestas, son
vistos como parte del sistema alejados de la solución de los problemas
cotidianos.
En ese contexto la ultraderecha canaliza ese resentimiento
en clave nacionalista, racista o anti élite.
Decía Polanyi que en el contexto de mercantilización extrema, si la izquierda no ofrece una alternativa, la respuesta puede tomar la forma autoritaria o reaccionaría
🧱 Desclasamiento y crisis
de identidad
- La
estructura de clases ha cambiado. Muchos trabajadores no se reconocen como
tales. Son autónomos precarizados, riders, desempleados intermitentes,
etc.
- Falta
una identidad colectiva obrera fuerte.
- La
ultraderecha ofrece una identidad alternativa: nacional, étnica, de
“gente común” vs élites/globalistas/inmigrantes.
🔗 Marxismo: el
debilitamiento del sujeto colectivo proletario facilita la fragmentación
ideológica, y la derecha puede hegemonizar esa "guerra de
posiciones".
📉 Crisis de
representación y descreimiento en la política
- Las
instituciones democráticas se ven como corruptas o ineficaces.
- La
ultraderecha aparece como "anti-sistema", aunque sea
profundamente sistémica.
- Votar
fascistas no es solo apoyo: también es castigo, "tirar una
bomba" al sistema.
🔗 Hay aquí una crítica
latente a la forma liberal de la democracia. El problema es que la derecha
ofrece una “salida” en forma de autoritarismo plebiscitario.
🧠 Guerra cultural y
resentimiento moral
- Muchos
jóvenes sienten que no tienen futuro (ni vivienda, ni trabajo
estable, ni expectativas claras).
- La
derecha canaliza ese malestar como resentimiento hacia minorías,
feminismo, inmigrantes, lenguaje inclusivo, etc.
- Se
construye un marco emocional de rebeldía reaccionaria, donde la
derecha parece "romper lo políticamente correcto".
🔗 Recordemos a Gramsci cuando
hablaba de la disputa del sentido común,
la hegemonía cultural. La izquierda
perdió parte del “sentido común popular” al centrarse en temas identitarios sin
articularlos con la cuestión social.
🏛 La izquierda en
crisis: sin proyecto histórico ni organización popular
- Muchas
izquierdas abandonaron el horizonte de transformación social profunda.
- La
lógica institucional, electoral y la gestión del neoliberalismo las alejó
del conflicto real.
- Se
rompieron los vínculos orgánicos con el mundo del trabajo:
sindicatos debilitados, partidos convertidos en maquinarias electorales.
🔗 En clave marxista: el
sujeto revolucionario no se construye espontáneamente, necesita
organización, pedagogía política, experiencia compartida. Sin eso, la derecha
ocupa el vacío.
Resumiendo:
La adhesión de sectores populares a la ultraderecha no es un
misterio psicológico, sino una respuesta social a una crisis estructural,
en un contexto de derrota ideológica y organizativa de la izquierda.
La ultraderecha aparece como rebelde y popular,
mientras que la izquierda aparece como elitista, moralista y alejada del
pueblo.
El neoliberalismo ya no se limita a desregular mercados o
privatizar servicios: ha penetrado en la estructura misma de la vida
cotidiana y en la formación del yo. Las redes sociales, los discursos de
éxito individual y la estética del influencer no son solo distracciones: son formas
de interpolación ideológica, que transforman al sujeto precario en un
emprendedor frustrado, y luego, en muchos casos, en un reaccionario resentido.
Frente a este panorama, la izquierda no puede limitarse a
denunciar, o a repetir consignas que ya no interpelan a nadie
fuera del propio campo militante. Tampoco puede seguir hablando desde arriba,
con tono docente o moralizante, como si la verdad bastara. La verdad sin
deseo no tiene poder político.
Hoy, la lucha no es sólo por el poder institucional, ni
siquiera por la hegemonía cultural en abstracto: es por el deseo de vivir
distinto, por la reinvención de lo colectivo en un mundo que ha sido
brutalmente individualizado. Esto exige crear nuevas formas de intervención
política y pedagógica que no eludan la complejidad del presente, pero que se
atrevan a reconstruir la imaginación social desde abajo y en clave popular.
No habrá “retorno de la conciencia de clase” si no hay
también una disputa por el lenguaje, las emociones, los referentes, los sueños.
Si la ultraderecha es capaz de captar el odio y convertirlo en fuerza política,
la izquierda necesita volver a construir amor por lo común, formas de
comunidad, de lucha, de orgullo compartido.
La pregunta que queda abierta no es por qué los de abajo
votan a los de arriba. La verdadera pregunta es: ¿qué dejó de hacer la
izquierda para que eso ocurriera? Y qué puede —y debe— inventar para evitar que
lo que viene sea aún peor.
Conclusión: disputar la fábrica del deseo
La pregunta entonces no es solo por qué los pobres votan
a los ricos o los jóvenes a los fascistas. La clave es entender cómo se
construyen hoy las subjetividades políticas, en un ecosistema que no distingue
entre entretenimiento, ideología y mercancía.
Si no se disputa ese terreno —con nuevas formas de
organización, imaginación política, mediación cultural y creación simbólica—,
la extrema derecha seguirá ocupando el espacio con mensajes simples, virales y
afectivamente eficaces.
No se trata solo de “combatir el fascismo”, sino de reconstruir el sujeto colectivo popular
“El poder no es solo el control de las instituciones, sino
también la capacidad de producir sujetos y deseos. Quien controle la
imaginación social, controlará el futuro.”
— (Raúl Zibechi)
“La vieja sociedad está muriendo y la nueva tarda en aparecer. En ese claroscuro surgen los monstruos.” Antonio Gramsci (Cuadernos de la cárcel)
“No hay documento de cultura que no sea al mismo tiempo
documento de barbarie.” Walter Benjamin— Tesis sobre la filosofía de
la historia