google-site-verification=FRCu69N9a4YBX7KF3q4H3foYbM2P4dGbY Marxismo y mercados: 2025

martes, 16 de septiembre de 2025

De Yakarta a Palestina

 

De Yakarta a Palestina

En su libro “El método Yakarta” Vincent Bevins describe como, durante la Guerra Fría, EE.UU. apoyó — directa o indirectamente — una ola de represión y asesinatos en masa contra movimientos comunistas o izquierdistas en varios países del mundo, empezando por Indonesia en 1965. A continuación, explica cómo el modelo de represión utilizado allí (“el método Yakarta”) inspiró acciones similares en América Latina y otros lugares.

Durante la represión anticomunista en Indonesia alrededor de un millón de civiles fueron asesinados. En esos años el Partido Comunista de Indonesia (PKI) tenía un apoyo social masivo y sus afiliados sumaban varios millones

Existen documentos que revelan que la CIA, con mas la diplomacia militar y política de los EEUU fomentaron el golpe militar, en el que tuvo participación principal el ejército indonesio, para eliminar al PKI.

Esa estrategia se fue repitiendo en el tiempo en distintos escenarios: asesinato sistemático de “enemigos internos”, torturas, desapariciones y represión política violenta.

El “método” se fue repitiendo en otros países apoyando dictaduras anticomunistas y campañas de represión en América Latina, Asia, África, etc.

Brasil, Chile, Argentina, Bolivia, Guatemala, El Salvador, Corea del Sur, Filipinas, entre muchos otros, aparecen como países donde se aplicaron tácticas parecidas: eliminación del comunismo o movimientos de izquierda, muchas veces con la complicidad directa o apoyo estratégico de EE.UU.

Una de las conclusiones de Bevins es que muchas de estas operaciones han sido ocultadas, minimizadas o justificadas durante décadas y que la victoria del capitalismo dirigido por EE.UU. en muchos países no fue pacífica ni democrática, sino que pasó por violencia de estado, represión y terror sistemático.

El “método”  Yakarta, aunque tenga origen en Indonesia, define un patrón global: cómo se deshacen de la izquierda cuando esta parece estructurada, con base social y cómo se construye el consenso anticomunista.

Resumir esos acontecimientos hoy permite razonar, desde una perspectiva crítica, el panorama de las relaciones internacionales, la geopolítica imperial y también como el imperialismo uso una violencia sistemática para conservar su poder.

Nuestra sociedad ha recibido un legado de represión y silencio, el dominio de los medios de comunicación les facilita la tarea. ¿cuánto de la desigualdad, la fragmentación política y la oposición reprimida tiene esas raíces?

En Palestina no existe un Partido Comunista importante, pero existe un reclamo patriótico frente a la agresión del sionismo y el imperialismo.

Entre la Indonesia de 1965 y la Palestina actual existen enormes diferencias, sin embargo, el escenario de represión y muerte de inocentes los vincula, los incorpora a una senda común.

El terror no fue accidental: fue política exterior de EE.UU. durante la Guerra Fría. El método busca garantizar ocupación de territorio, apertura al capital extranjero, derrotar movimientos  patrióticos y bloquear alternativas progresistas.

De aquellas lluvias, estos lodos: La historia nos conecta con el presente:  el auge de ultraderechas, con discursos de odio y políticas represivas que tienen sus raíces en la decisión política imperialista.

Al sendero lo define su cronología. Desde los primeros años de la posguerra:1950s-60s: EE.UU. observa con preocupación el auge de movimientos progresistas en Asia y América Latina.

  • 1964: Golpe en Brasil.
  • 1965: Masacre en Indonesia, nacimiento del “Método Yakarta”.
  • 1970s: Exportación a Chile, Argentina, Filipinas, Centroamérica.
  • 1980s: Operación Cóndor y auge de guerras sucias..
  • Bloqueo a Cuba, ataques a Venezuela, etc

 El método pervive en la criminalización de la protesta social, la guerra contra el “terrorismo” o el “narcotráfico”. Todas Las escusas sirven.

El genocidio del pueblo Palestino es un eslabón más. La expansión territorial de Israel responde al mismo patrón. El sionismo internacional, con profundas raíces que lo vinculan al amo imperial está masacrando a una población indefensa. Si algún eslabón habría que añadir al “método Yakarta”, el presente no puede ser más terrible

jueves, 7 de agosto de 2025

¿Porque los pobres votan a la derecha?

¿Por qué un sector de  los trabajadores de bajos ingresos y los jóvenes votan a la ultraderecha?


La evolución de la economía en los países un proceso de desindustrialización, precarización laboral, dificultad de acceso a la vivienda y la reducción o anulación de políticas sociales que golpea con intensidad a los sectores populares y en especial a la juventud.

En ese contexto surge en los sectores marginados la ira, el miedo y la incertidumbre y, además, la sensación de abandono político.

Se propaga la sensación que tampoco los partidos de izquierda (la socialdemocracia o sectores de izquierda, con sus propuestas, son vistos como parte del sistema alejados de la solución de los problemas cotidianos.

En ese contexto la ultraderecha canaliza ese resentimiento en clave nacionalista, racista o anti élite.

Decía Polanyi que en el contexto de mercantilización extrema, si la izquierda no ofrece una alternativa, la respuesta puede tomar la forma autoritaria o reaccionaría

 

🧱 Desclasamiento y crisis de identidad

  • La estructura de clases ha cambiado. Muchos trabajadores no se reconocen como tales. Son autónomos precarizados, riders, desempleados intermitentes, etc.
  • Falta una identidad colectiva obrera fuerte.
  • La ultraderecha ofrece una identidad alternativa: nacional, étnica, de “gente común” vs élites/globalistas/inmigrantes.

🔗 Marxismo: el debilitamiento del sujeto colectivo proletario facilita la fragmentación ideológica, y la derecha puede hegemonizar esa "guerra de posiciones".


 📉 Crisis de representación y descreimiento en la política

  • Las instituciones democráticas se ven como corruptas o ineficaces.
  • La ultraderecha aparece como "anti-sistema", aunque sea profundamente sistémica.
  • Votar fascistas no es solo apoyo: también es castigo, "tirar una bomba" al sistema.

🔗 Hay aquí una crítica latente a la forma liberal de la democracia. El problema es que la derecha ofrece una “salida” en forma de autoritarismo plebiscitario.


🧠 Guerra cultural y resentimiento moral

  • Muchos jóvenes sienten que no tienen futuro (ni vivienda, ni trabajo estable, ni expectativas claras).
  • La derecha canaliza ese malestar como resentimiento hacia minorías, feminismo, inmigrantes, lenguaje inclusivo, etc.
  • Se construye un marco emocional de rebeldía reaccionaria, donde la derecha parece "romper lo políticamente correcto".

🔗 Recordemos a Gramsci cuando hablaba de la  disputa del sentido común, la  hegemonía cultural. La izquierda perdió parte del “sentido común popular” al centrarse en temas identitarios sin articularlos con la cuestión social.


 🏛 La izquierda en crisis: sin proyecto histórico ni organización popular

  • Muchas izquierdas abandonaron el horizonte de transformación social profunda.
  • La lógica institucional, electoral y la gestión del neoliberalismo las alejó del conflicto real.
  • Se rompieron los vínculos orgánicos con el mundo del trabajo: sindicatos debilitados, partidos convertidos en maquinarias electorales.

🔗 En clave marxista: el sujeto revolucionario no se construye espontáneamente, necesita organización, pedagogía política, experiencia compartida. Sin eso, la derecha ocupa el vacío.

Resumiendo:

La adhesión de sectores populares a la ultraderecha no es un misterio psicológico, sino una respuesta social a una crisis estructural, en un contexto de derrota ideológica y organizativa de la izquierda.

La ultraderecha aparece como rebelde y popular, mientras que la izquierda aparece como elitista, moralista y alejada del pueblo.

El neoliberalismo ya no se limita a desregular mercados o privatizar servicios: ha penetrado en la estructura misma de la vida cotidiana y en la formación del yo. Las redes sociales, los discursos de éxito individual y la estética del influencer no son solo distracciones: son formas de interpolación ideológica, que transforman al sujeto precario en un emprendedor frustrado, y luego, en muchos casos, en un reaccionario resentido.

Frente a este panorama, la izquierda no puede limitarse a denunciar,  o a repetir consignas que ya no interpelan a nadie fuera del propio campo militante. Tampoco puede seguir hablando desde arriba, con tono docente o moralizante, como si la verdad bastara. La verdad sin deseo no tiene poder político.

Hoy, la lucha no es sólo por el poder institucional, ni siquiera por la hegemonía cultural en abstracto: es por el deseo de vivir distinto, por la reinvención de lo colectivo en un mundo que ha sido brutalmente individualizado. Esto exige crear nuevas formas de intervención política y pedagógica que no eludan la complejidad del presente, pero que se atrevan a reconstruir la imaginación social desde abajo y en clave popular.

No habrá “retorno de la conciencia de clase” si no hay también una disputa por el lenguaje, las emociones, los referentes, los sueños. Si la ultraderecha es capaz de captar el odio y convertirlo en fuerza política, la izquierda necesita volver a construir amor por lo común, formas de comunidad, de lucha, de orgullo compartido.

La pregunta que queda abierta no es por qué los de abajo votan a los de arriba. La verdadera pregunta es: ¿qué dejó de hacer la izquierda para que eso ocurriera? Y qué puede —y debe— inventar para evitar que lo que viene sea aún peor.

Conclusión: disputar la fábrica del deseo

La pregunta entonces no es solo por qué los pobres votan a los ricos o los jóvenes a los fascistas. La clave es entender cómo se construyen hoy las subjetividades políticas, en un ecosistema que no distingue entre entretenimiento, ideología y mercancía.

Si no se disputa ese terreno —con nuevas formas de organización, imaginación política, mediación cultural y creación simbólica—, la extrema derecha seguirá ocupando el espacio con mensajes simples, virales y afectivamente eficaces.

No se trata solo de “combatir el fascismo”, sino de reconstruir el sujeto colectivo popular 

“El poder no es solo el control de las instituciones, sino también la capacidad de producir sujetos y deseos. Quien controle la imaginación social, controlará el futuro.”
— (Raúl Zibechi)

“La vieja sociedad está muriendo y la nueva tarda en aparecer. En ese claroscuro surgen los monstruos.” Antonio Gramsci (Cuadernos de la cárcel)

“No hay documento de cultura que no sea al mismo tiempo documento de barbarie.” Walter Benjamin— Tesis sobre la filosofía de la historia


Rescatar al tercer mundo

 

Rescatar el Tercer Mundo: Prashad, Fanon y Amin ante el colapso del proyecto emancipador


El Tercer Mundo no fue solo una categoría geográfica ni una etiqueta impuesta por el sistema internacional: fue, ante todo, un proyecto político colectivo, una apuesta por la autodeterminación, la justicia global y la construcción de un orden alternativo al capitalismo imperialista. Vijay Prashad, en su libro Las naciones oscuras (The Darker Nations, 2007), reconstruye la historia de esa apuesta, sus contradicciones, sus derrotas y sus huellas persistentes. A partir de ese relato, es posible reactivar una lectura crítica y actualizada de dos pensadores clave del anticolonialismo del siglo XX: Frantz Fanon y Samir Amin.

El Tercer Mundo como sujeto histórico

Vijay Prashad propone una historia no oficial del siglo XX. Frente al relato dominante que presenta la descolonización como una transición pacífica hacia la modernización capitalista, su trabajo recupera las voces y luchas de los pueblos del Sur global que imaginaron y pelearon por una alternativa sistémica.

Para Prashad, el Tercer Mundo no fue simplemente un conjunto de países pobres, sino un actor político transnacional, un bloque que intentó situarse entre las dos grandes potencias de la Guerra Fría construyendo una tercera vía: ni capitalismo liberal ni socialismo soviético, sino un modelo propio de desarrollo con justicia social, soberanía política y redistribución global del poder.

Este proyecto se articula en varias experiencias: la Conferencia de Bandung (1955), el Movimiento de los No Alineados, el impulso a economías estatales planificadas, las redes de solidaridad entre movimientos de liberación nacional, la exigencia de un Nuevo Orden Económico Internacional en la ONU durante los años 70. Fue un momento de esperanza revolucionaria a escala mundial.

Pero también fue un proceso lleno de contradicciones. La presión de las potencias occidentales, los golpes de Estado, la coacción de las instituciones financieras internacionales, y la consolidación de elites poscoloniales autoritarias o corruptas fueron erosionando desde adentro y desde afuera ese horizonte emancipador. A fines de los 80, el proyecto del Tercer Mundo se desarticula, sustituido por una inserción subordinada al orden neoliberal.

Fanon: del sujeto colonizado al fracaso del Estado nacional

Frantz Fanon, médico y militante anticolonial, analizó como pocos la relación entre colonialismo, subjetividad y emancipación. En Los condenados de la tierra (1961), Fanon alerta sobre un peligro central: que las burguesías nacionales, una vez lograda la independencia, reemplacen al colonizador sin transformar las estructuras materiales ni las jerarquías sociales.

Fanon concibe la descolonización no como un simple cambio de bandera, sino como un proceso de ruptura total con el orden colonial. La liberación debe ser económica, política, cultural, pero también existencial. Es una reconstrucción del sujeto, del ser, de la dignidad negada por siglos de dominación.

Prashad recoge esa advertencia. En Las naciones oscuras, muestra cómo muchos Estados poscoloniales pronto se convirtieron en formas vaciadas del proyecto original. El aparato estatal se burocratizó, se cerró sobre sí mismo, se hizo funcional a las elites locales y al capital extranjero. Las promesas de igualdad, redistribución y autodeterminación quedaron relegadas ante los imperativos del orden internacional.

Fanon y Prashad coinciden en que la traición del proyecto anticolonial no fue un accidente, sino el resultado de una estructura heredada y de una clase dirigente incapaz (o no dispuesta) a romper con las lógicas del colonialismo.

Amin: dependencia, desconexión y sistema mundo

Desde una perspectiva más sistemática y económica, Samir Amin analiza el fracaso del Tercer Mundo en clave estructural. En su teoría de la acumulación a escala mundial, el capitalismo funciona como un sistema jerárquico donde los países del centro acumulan valor a expensas de la periferia. Esta relación no se rompe con la independencia formal. La dependencia económica, tecnológica y financiera mantiene a los países del Sur en una situación subordinada.

Frente a esto, Amin propuso una estrategia de "desconexión": no como aislamiento autárquico, sino como construcción soberana de proyectos nacionales y regionales que no se subordinen a las reglas del mercado global. Esta propuesta resuena con el impulso del Tercer Mundo tal como lo relata Prashad, pero también permite explicar por qué muchas de esas experiencias fracasaron.

Prashad documenta cómo, a pesar de los discursos soberanos, muchos países mantuvieron estructuras productivas dependientes, adoptaron modelos desarrollistas imitativos, y no lograron consolidar alianzas estables que enfrentaran el poder de las instituciones globales como el FMI o el Banco Mundial. La desconexión quedó como una posibilidad no realizada.

Memoria activa: internacionalismo y presente

Hoy, cuando las desigualdades globales se profundizan, las guerras resurgen y el orden internacional se reorganiza bajo nuevas formas de dominación, el legado del Tercer Mundo sigue siendo relevante. Prashad no plantea una nostalgia, sino una memoria activa: rescatar las experiencias, ideas y horizontes que fueron borrados o derrotados, para repensar el presente desde el Sur.

Los proyectos regionales como ALBA, CELAC o los BRICS, aunque contradictorios, expresan fragmentos de esa voluntad de autonomía. Lo mismo ocurre con los movimientos campesinos, los feminismos del Sur, las luchas contra el extractivismo o por la soberanía alimentaria. Son formas parciales, pero vivas, de resistencia a la lógica del capital global.

Fanon, Amin y Prashad convergen en una idea clave: sin una transformación profunda del sistema mundial, sin descolonización real, sin internacionalismo de los pueblos, no hay salida duradera. El Tercer Mundo como proyecto histórico fracasó, pero su espíritu sigue vivo en cada intento de pensar el mundo desde los márgenes y contra el capital.

Conclusión

El desafío actual no es repetir el pasado, sino aprender de él. De sus logros y derrotas, de sus límites y sus potencialidades. Frente a un capitalismo en crisis y una izquierda muchas veces encerrada en lógicas nacionales o defensivas, recuperar el internacionalismo del Tercer Mundo es una tarea urgente. No como una consigna vacía, sino como un proyecto concreto de emancipación global desde el Sur.

 

 

martes, 1 de abril de 2025

Keynes y la guerra (cebar la bomba)

 En las crisis reaparece el legado keynesiano

John Maynard Keynes (1883- 1946) fue, sin duda el economista, no marxista, más brillante del siglo XX. Seguramente sus vivencias de la crisis de los años 30 le impulsaron a escribir su texto más emblemático: “La teoría general del empleo, el interés y el dinero” editado en 1936.

Ese texto venía a demoler antiguas propuestas, demostradas ineficaces, de la teoría liberal y fue premonitorio en el desarrollo de la macroeconomía moderna.

En la posguerra en su controversia durante las negociaciones de Bretton Woods quedó en segundo plano ante la aceptación de la propuesta estadounidense del liberal Harry D. White que definió al dólar estadounidense como moneda de reserva. 

Posteriormente otro gran economista keynesiano contemporáneo suyo: Paul Samuelson (1915-2009) puso en concordancia la propuesta liberal con la keynesiana en una mixtura denominada “síntesis neoclásica” que, desde entonces, predomina en los programas de las cátedras de economía, con infinitas variantes y agregados.

El neoliberalismo asumió la síntesis neoclásica como un dogma. Sin embargo, cada crisis es un fracaso de ese dogma. Para explicarlo, surgieron nuevos agregados, tendientes a explicar porque el modelo “no cerraba”. Una salida era, al entrar en la fase de depresión de la coyuntura, recurrir al arsenal keynesiano estimulando  la demanda, es decir: cebar la bomba.

Por esa razón, dentro de la complejidad de la teoría keynesiana ese concepto, el más simple, fue el más popular. Esa es la intención de la UE con el programa armamentista. 

Pero, por otra parte, el mercantilismo trumpista viene a agregar un importante factor de distorsión por la fijación de aranceles y sanciones alterando los precios relativos.  Su política define, además, la implosión del sistema neoliberal. Hay un antes y un después. Por PPA el PBI de USA ya no es el mayor del planeta, existen los BRICS, hay nuevos escenarios, estamos atravesando una transición hegemónica que, si se impone el irracionalismo pone al planeta al borde de su extinción


Europa en la actual etapa:

La guerra de Ucrania afectó la expansión de las principales economías de la UE; especialmente por acontecimientos específicos, como el ataque al Nord Stream II y la proliferación de sanciones a Rusia que, entre otros efectos incrementó los precios de la energía con lo cual, la economía de los países dependientes de ella, perdieron competitividad.

En la crisis:  Keynes: Ante la depresión:  “cebar la bomba” … que sintetiza la necesidad de políticas “activas” para recuperar el nivel de actividad económica y paliar la depresión.

Lamentablemente se opta por la peor opción: gasto en armamento, que se paga con una gigantesca emisión de bonos: 800.000 millones de euros con serias implicancias a futuro. 

Además, la carrera armamentista, en esta ocasión, opera sobre una economía financiarizada, a diferencia del pasado, en el que predominaba el sector no armamentista; con el agregado de que el beneficio de la mayor actividad se concentrará en el capital financiero.

Una rápida visión de los últimos meses (dic2024 a mzo2025) permite apreciar el raid de crecimiento de las acciones de las empresas armamentísticas. Capitaneando el aumento de las cotizaciones están los grandes fondos de inversión, cuyas carteras incluyen importantes participaciones en Boeing, Lockheed Martin y RTX en USA y en Europa en Rheinmetall (fabricante de los tanques Leopard y el mayor fabricante de municiones de Europa) cuyas acciones duplicaron su precio. Sus accionistas principales son Blackrock, Société Générale y Vanguard.

El proceso de financiarización afectará sensiblemente el estado de bienestar impulsando la privatización de los servicios esenciales como sanidad y educación. La emisión de una deuda de 800.000 millones para financiar el armamentismo es un tremendo despropósito. Semejante emisión incrementará la prima de riesgo y con ella elevará la tasa de interés que afectará a los intereses de hipotecas, prestamos personales, al comercio y a la industria. Es un aliciente además para alentar el proceso inflacionario con recesión, es decir el peor de los escenarios: estanflación.

No es tampoco un fenómeno totalmente nuevo, aunque algunos de sus rasgos alienten a creerlo. El sistema capitalista imperialista ha tenido desde sus comienzos la guerra y el armamentismo como objetivos próximos.

La crisis de 1929 dejó largas secuelas que recién pudieron ser restauradas en la posguerra. El comienzo fue con el gasto en armamentismo durante la contienda, proceso que continuó una vez terminada la misma. 

Refiriéndose a Alemania, Kalecki señalo que en 1966 “más de la mitad del crecimiento de la renta nacional se traduce en el crecimiento de los gastos militares».

Durante los “treinta gloriosos” años de la posguerra el capitalismo atlantista se vio forzado a desarrollar programas de bienestar para contrarrestar la demostración de crecimiento y desarrollo que presentaba la URSS y los países del campo socialista.

Pero siempre el sistema atlantista fue generando la psicosis de guerra con el campo socialista. Con ello justificaba sus programas de armamentos en defensa del “mundo libre”. El armamentismo, además de su función económica, es utilizado para exacerbar subjetividades y estimula las mentalidades conservadoras. Es un combo.

Las crisis del sistema capitalista promueven la destrucción y la muerte. Miles de jóvenes con un entrenamiento rudimentario son utilizados como carne de cañón. Se los envía a la muerte o a una probable discapacidad física o mental.

 Mientras tanto, la mentalidad capitalista se siente afectada cuando se habla de una fiscalidad progresista para otorgar mayores beneficios sociales, pero no tiene la misma actitud cuando el destino de los fondos estatales se destina al armamentismo.

Hay que decir que existe una forma democrática de “cebar la bomba”: esa solución pasa por generar fondos a través de una reforma fiscal que grave a las grandes fortunas, a los grandes evasores hacia paraísos fiscales, a las mafias de la droga y de la trata, etc. y destinar esos fondos a construir viviendas, mejorar la sanidad y la educación públicas, inversión en energías renovables, en agro-ecología, en ordenar las políticas migratorias para mejorar su funcionamiento evitando a las mafias y las muertes durante los trayectos de los migrantes.

Mientras tanto el proyecto de la derecha solo beneficiará a los fabricantes de armas, a los fondos de inversión y a las elites que negocien los contratos percibiendo suculentas comisiones.

La máxima irracionalidad del proyecto aflora por sus aristas. La actuación de las autoridades de la UE no puede ser más evidente. Empezando por la maniobra sicológica del kit de emergencia que tiene sus efectos sobre una parte importante de la población que cree la posibilidad de una guerra inminente, mientras otra parte directamente se lo toma a risa.

Además de las principales cabezas de la UE, no debemos olvidar el nefasto papel de dirigentes como Macron y Starmer, de dos países con ojivas nucleares, que pretenden salvar su deteriorado poder con propuestas bélicas ridículas pero peligrosas.

Los trabajadores y los pueblos de Europa deberían tomar conciencia del peligroso camino a que los conduce esta dirigencia y pronunciarse en forma clara por un no a la guerra, no a la carrera armamentista, no a las bases militares, no al endeudamiento para financiar la guerra, cierre de las bases militares, por la paz y la solidaridad.

Oscar Expósito

1/4/2025


martes, 25 de marzo de 2025

¿Hacia dónde vamos?

 Mientras
 los estúpidos dirigentes de la UE están promocionando una guerra que suponen, tendrá el Báltico como escenario, aprovechando el estímulo a odios ancestrales… imaginan una guerra que será financiada con los bolsillos de los pueblos de Europa…

(en otra habitación) 
 Trump y Putin negociarán temas “más importantes”.

Por ejemplo, como aprovechar el Ártico (si continua el deshielo) p.ej. la navegación, el aprovechamiento de sus recursos naturales (energía, minerales, pesca, etc.) sorteando, además, los pasos marítimos conflictivos.

Lo racional sería que los fondos destinados a la guerra fueran utilizados para reconstruir las viviendas, hospitales, escuelas, infraestructuras, etc que destrozó la guerra. A ese fondo tendrían que contribuir también los rusos y EEUU. De paso crear otro fondo a cargo de EEUU e Israel para reconstruir Gaza. A EEUU con suprimir algunas de las 850 bases que tiene diseminadas por el planeta, le sobraría.

Mientras tanto la crisis del sistema capitalista avanza sin prisa y sin pausa. Marx decía que el capitalismo es autodestructivo y la historia esta demostrando que muy equivocado no estaba.

Continúa la obscena acumulación de riqueza, al mismo tiempo que una cantidad inmensa de seres humanos carece de los elementos más elementales, tampoco se detiene la proliferación de las guerras genocidas…el capitalismo transforma todo en dinero y mercancías. Son fuerzas que escapan a nuestro control, el capitalismo se transforma en una lente a través de la cual percibimos la realidad y puede ser que avance como una maquina hacia su propia autodestrucción. 
La pregunta es: ¿qué pasa cuando un sistema alcanza los límites de su crecimiento?

El realismo capitalista es una especie de encantamiento colectivo, donde la única realidad posible es aquella gobernada por el mercado. Con cada nuevo avance tecnológico, con cada nuevo ciclo económico, tenemos la impresión de que no hay escapatoria. Vivimos en un simulacro. Una ilusión de libertad donde todo es mercancía, inclusive nuestras ideas y sentimientos. 

Hubo un tiempo en el que otros sistemas políticos y económicos parecían viables: vg. el feudalismo, que en Europa duró siglos. Para el pueblo era imposible imaginar un mundo sin señores feudales y siervos, pero ocurrieron luchas sociales y transformaciones tecnológicas que lo hicieron colapsar, también pasó con los imperios anteriores (el Romano que se creía indestructible, pero su sistema económico y político se volvió vulnerable).

El capitalismo marcha como un automóvil sin conductor, Marx predijo que colapsaría por sus propias contradicciones internas, por la acumulación de riquezas en pocas manos. Tal vez no necesite ser eliminado por una revolución, la tecnología es un vector de la transformación. El capitalismo desde hace siglos depende del trabajo humano que le provee la plusvalía. La tecnología, con la automatización y la inteligencia artificial, no lo es todo, aunque sea más específica, siempre la mano de obra humana será necesaria y consecuentemente habrá creación de plusvalía.

Las elites que dominan las finanzas y el comercio a escala planetaria, controlan también la narrativa, estimulando la explotación sin control de los recursos naturales, son las principales responsables de llevar al capitalismo a su límite. Pero, ¿Qué ocurre si en algún momento la aceleración alcanza ese límite? ¿Si el proceso, que siempre fue de avance, lo llevara al colapso?
 
El capitalismo se mueve a una escala cada vez mayor y a mayor velocidad. Es más difícil su gobernanza. Dicen los filósofos del aceleracionismo que el capitalismo es un sistema económico que se desarrolla en forma incontrolable, impulsado por la tecnología y el mercado. La inteligencia artificial, la digitalización etc. tienen un creciente grado de autonomía en su operabilidad, no necesitan autorización para cruzar fronteras, cambios que llevaban siglos se operan en forma inusitada.

¿Cuál es la estrategia? ¿Oponerse al avance o acelerar su lógica? Marx decía que el capitalismo genera sus propias contradicciones. ¿Estamos en esa etapa definida por la frase, (tan remanida) de Gramsci: “que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no empieza a desarrollarse”?

 ¿Cuánto dura este tránsito?

Parece un pensamiento apocalíptico, pero hay síntomas de que algo de esto está ocurriendo, porque el cambio tecnológico, no solo acelera la producción y el consumo; también la desigualdad social.

La concentración de la riqueza en el sector privilegiado alcanza niveles inimaginables. Mientras millones luchan por sobrevivir, un pequeño grupo a escala planetaria acumula fortunas que se superan año tras año.

Esas fortunas se incorporan a fondos de inversión que también captan ahorro de pequeños y medianos inversores, creando una comunidad de intereses que contribuye a consolidar una ideología de apoyo al sistema.

Las enormes estructuras financieras pareciera que consolidan el funcionamiento del capitalismo cuando, en realidad, sus contradicciones y rupturas socavan lentamente sus cimientos. Sus efectos se ven en sus disrupciones como fue la crisis del 2008.

Una de las estructuras más importantes del sistema capitalista, como es el gobierno de EEUU, pareciera que, a través de sus múltiples y complejas organizaciones, controla el funcionamiento del estado cuando, y en estos coinciden muchos analistas, es exactamente al revés.

Nadie puede predecir el futuro, lo que, si es necesario, es tomar conciencia del estado de situación, sin ideas catastrofistas, por el contrario, pensando en la necesidad de cambios y en especial que no es la guerra el camino.

El avance tecnológico es imparable, es impredecible pensar un futuro ni siquiera próximo, pero lo importante, no es predecir el futuro, lo importante es discutir que futuro queremos. El planeta genera bienes y servicios que supera ampliamente las necesidades de sus 8.000 millones de habitantes. Pero hay varios miles de esos millones que carecen de lo más esencial.

El tema entonces no es el crecimiento indiscriminado, la base está en la distribución del producto.

No es posible hacer predicciones, pero si analizar la historia de la humanidad, nunca fue lineal, pero también nunca estuvo tan cerca de autodestruirse

Ningún imperio dura eternamente y el cambio es necesario.

 Decía Walter Benjamín: “El progreso que, se suponía, era nuestro ángel guardián, bien podría ser el ángel de la destrucción” (Escritos franceses); si el sistema colapsa puede llevarse consigo no solo sus desigualdades y contradicciones sino también las de las propias bases de la sociedad.

Lo cierto es que, si queremos un nuevo mundo, debemos comenzar a construirlo antes que el viejo colapse.

Por Oscar Exposito
25/3/2024


sábado, 1 de marzo de 2025

Ley de la tasa decreciente de la cuota de ganancia. Importancia de su discusión

La Revista de Economía critica me solicitó una opinión sobre un artículo titulado:

¿UN MARX SIN TENDENCIA DECRECIENTE DE LA TASA DE GANANCIA?

DEFENSA DE LA COHERENCIA DE LA “LTDTG” EN EL MARCO DEL PENSAMIENTO MARXISTA

Aqui va mi respuesta:


Creo que es un muy buen trabajo, muy documentado y que apunta al centro de una discusión histórica sobre la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (LTDTG).

Como bien dice el autor, los detractores han ignorado la base sustancial del funcionamiento de la Ley al ignorar la ecuación que define uno de los ejes centrales del marxismo: la generación de la plusvalía.

El ataque reconoce distintos orígenes. Diría que desde las críticas a Adam Smith y David Ricardo; ya que ellos enunciaban aspectos del fenómeno, si bien encuadrados dentro de sus respectivas posiciones ideológicas.

Marx no obvió el tema. Si bien no es un aspecto central de su teoría. Nos preguntamos entonces: si ni siquiera ocupa un capítulo de su monumental obra, ¿por qué generó tanta polémica?

En principio creo hay dos motivos. El primero se vincula a las dificultades fácticas necesarias para demostrar evidencia empírica de su funcionamiento y, en segundo lugar. porque la obscena acumulación de riqueza de los billonarios a lo largo del siglo XX y XXI pareciera demostrar lo contrario.

Creo que esos son los motivos que permiten extender  una gran polémica sobre la vigencia del marxismo, cuando, en realidad, dentro de su contexto, es un tema marginal y sobre el cual puede ser que surjan nuevos elementos cuando se concluya el MEGA2.

Referente a la percepción que tenía Marx sobre el funcionamiento del mercado, imaginémoslo en la biblioteca de Londres estudiando una enorme bibliografía y tener sus encuentros con Engels quien le comentaba el funcionamiento de la industria en el entorno “Manchesteriano”.

Podrían imaginar la existencia de 10 o 20 empresas textiles que producían en condiciones similares. En un momento determinado, uno de los dueños decidía incorporar una nueva maquinaria que aumentaría su productividad y la extracción de mayor plusvalía. Era lógico que tendría ganancias extraordinarias con respecto al resto. Es de suponer que sus competidores irían haciendo lo mismo el los períodos siguientes. Suponiendo una demanda constante, en el trascurso del tiempo, las ganancias se equilibrarían, es decir que la tasa de ganancia que sería la referencia del primer” innovador” comenzará a descender con lo cual, en “teoría”, se cumpliría el funcionamiento de la ley.

Hoy ese argumento resulta trivial teniendo en cuenta la evolución de los mercados durante el siglo XX y especialmente el siglo XXI.

Un rápido repaso:

De 1921 a 1929 la cotización de las acciones en Wall Street se triplicó antes de hundirse estrepitosamente. Los índices bursátiles no recuperaron el nivel anterior a la depresión hasta 1954. Por medio, Estados Unidos tuvo que poner en marcha el New Deal, la política de guerra que condujo a la Segunda Guerra Mundial y los acuerdos de Bretton Woods.

En los noventa el rápido crecimiento de internet condujo a un fuerte aumento de las inversiones en empresas emergentes tecnológicas. La euforia incluyó la aparición del Nasdaq, una bolsa paralela a Wall Street en la que cotizan 3.800 nuevas empresas. El valor de las acciones de las “puntocom” alcanzaron niveles fabulosos, basados en la novedad del momento. Luego se hundieron.

En 2008 la crisis del mercado hipotecario aumentó la deuda pública hasta el 5 por cien del PIB de la zona euro. El Banco Central Europeo cambió una deuda por otra: multiplicó el dinero en circulación para salvar a sus miembros de la bancarrota y mantuvo los tipos de interés bajos para que la recesión fuese más llevadera. De 2011 a 2017 inyectó cuatro billones de dólares.

El intercambio instantáneo de valores, el dinero fácil, el endeudamiento y la especulación son las tres condiciones inmediatas que desencadenan las burbujas financieras.

En la primera fase, los precios suben y hay una acumulación. La segunda es el periodo de euforia: cada vez hay más especuladores y los precios siguen subiendo. Las valoraciones de las empresas y los activos pueden ser varias veces superiores a su valor real. La burbuja alcanza su máximo hasta que la demanda empieza a caer. En la tercera fase, cunde el pánico, los precios de los activos caen bruscamente y los que compraron en los momentos de auge quieren vender al precio que sea, cuanto antes mejor, antes de que los precios caigan demasiado.

En diciembre del 2024 las acciones cotizaban muy alto en Wall Street. Los activos de ETF subieron un 28 por cien y los especuladores se felicitaban. Todo era alegría. Siempre había buenas noticias, excesivamente buenas. Las grandes capitalizaciones se negociaron a 26,6 veces sus beneficios. (Wordpress.com)


Retornando a la LTDTG podemos agregar lo siguiente:

1) Es prácticamente imposible obtener “evidencia empírica” de que la ley funcione. Los intentos (que hubo varios) no fueron confiables. La dificultad de acotar los parámetros, lograr las fuentes de datos, etc.es una tarea a priori inviable. Algunos investigadores intentaron recopilar balances de empresas de varios años continuos, etc. sin lograr resultados satisfactorios.

2) En segundo lugar, teniendo en cuenta la evolución del capitalismo hasta nuestros días, la tremenda acumulación de riqueza en un polo, el proceso de financiarización, el crecimiento de los fondos de inversión, los estudios de Piketty al respecto, etc. y en este caso sí, la evidencia empírica demuestra que, por los menos para un sector importante de la economía capitalista, la ley no opera.

3) Otro aspecto, tal vez más importante o tan importante como la revolución tecnológica fue  el desplazamiento de las industrias a través de las fronteras en la búsqueda de mano de obra “barata” incrementando la plusvalía.

Existe si, una lucha despiadada por el dominio de los mercados. Los vemos a diario en un torneo cotidiano de ganadores y perdedores, el papel de los lobbies, el Deep State, etc.


Pero en toda esa realidad cotidiana, lo que si debemos tener claro, es que en tanto sea una sociedad capitalista el marxismo mantiene plenamente su vigencia. En primer lugar, a pesar de haber sido escrito durante el siglo XIX, no solo es la mejor base teórica para el estudio de nuestras sociedades actuales, es que también, ha sido el motor de las reivindicaciones sociales logradas por los trabajadores y la sociedad. Repensemos como eran las sociedades capitalistas en sus orígenes y los logros obtenidos por la clase trabajadora durante el largo camino de luchas recorrido desde entonces.


El marxismo completó el legado de la ilustración, textos como el Manifiesto Comunista, redactado cuando ambos autores rondaban los 25 años puede ser leído hoy y utilizado por todos los que proponemos la necesidad de cambios en nuestra sociedad.

Porque el marxismo desde sus autores y agregando los continuadores como Lenin, Gramsci, Rosa Luxemburgo y tantos otros, nos han dejado un legado histórico. Decía Lenin en Tres fuentes y tres partes: la economía marxista, el materialismo histórico y el materialismo dialéctico son indisolubles, no son un dogma, son una guía para la acción.


En síntesis, la discusión acerca de la LTDTG sirvió para desviar la atención de los aspectos esenciales del marxismo como son la ley del valor, la plusvalía, el fetichismo de la mercancía, la acumulación del capital y tantos otros aspectos que estarán plenamente vigentes mientras exista la economía capitalista. 


Si creemos que otro mundo es posible, como marxistas, debemos seguir difundiendo la obra del genio de Treveris, explicando su vigencia y la necesidad de seguir analizando los aspectos fundamentales  que, sin duda,  mantienen su vigencia, evitando polémicas que nos apartan de nuestro objetivo principal: avanzar en la necesidad de promover  cambios sociales que aseguren la vigencia  de los derechos fundamentales para todos los habitantes sin distinción de raza o género: vivienda digna, alimentación, educación, sanidad, etc.

Oscar Exposito