google-site-verification=FRCu69N9a4YBX7KF3q4H3foYbM2P4dGbY Marxismo y mercados: Economía Política- Acerca de las escuelas marginalistas

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Economía Política- Acerca de las escuelas marginalistas

 Enseñanza de la economía política. El fracaso del marginalismo como teoría macroeconómica

La presunta racionalidad y eficiencia del mercado según la concepción neoclásica del mismo contiene un fuerte contenido ideológico, un enfoque sesgado de la economía. Ignora las relaciones sociales que lo condicionan con lo cual pierde vigor su pretendido nivel científico.

Un trabajo esencial para los investigadores sociales es desmitificar sus planteos dogmáticos que solo son útiles para la defensa de un sistema capitalista,m cada vez más concentrado en los centros de poder y que, de no ser enfrentado y combatido, es una afrenta al conocimiento científico de los procesos sociales.

En su contenido tiene prioridad su individualismo metodológico y su deslizamiento hacia el consumismo, santificando el dogma de las “libres” reglas del mercado, omitiendo la existencia de la lucha de clases, pregonando una escala de valores que parte del precepto “tanto tienes, tanto vales”.

Sus análisis se abstraen de la emisión de juicios de valor y del papel de la ideología en la economía política, con lo cual se presentan como neutrales para la sociedad conceptos que en realidad contienen un alto contenido ideológico y además, ocultan los objetivos en que fundamentan sus tesis.

En las ciencias sociales la asepsia ideológica es un mito. La base filosófica tanto de la teoría neoclásica, como la de la neoliberal y también de amplios sectores de la heterodoxia, se basan en el del dogma liberal para justificar sus postulados.

Como es sabido, el origen del pensamiento liberal acompaña el desarrollo del auge de capitalismo hacia finales del siglo XVII. Comenzó a desarrollarse en Inglaterra y en Holanda, pasando luego a los países vecinos como reacción política y filosófica al decadente feudalismo de la época. 

 

La intolerancia religiosa y el absolutismo político provocaron crecientes reacciones en la naciente burguesía que reclamaba un cambio en las reglas morales, económicas y políticas.

El surgimiento del pensamiento liberal entonces, se incorpora al mercado como la institución que permite un pronunciamiento libre de los participantes para manifestar sus preferencias ideales.

Aparece la teoría de la competencia perfecta, la mano invisible, la teoría cuantitativa, etc. etc.

De esa época es el economista escocés Adam Smith (1723-1790) quien sistematizó y fundó la escuela clásica de la economía política.

Su planteo parte del individuo que accede al mercado guiado por una mano invisible que lo lleva a desarrollar objetivos más allá de sus propias intenciones. De tal forma los mercados pasan a ser el motor del crecimiento económico y la evolución social.

Uno de los más reconocidos continuadores de Smith es David Ricardo (1772-1823) que en extensos estudios desarrolla la teoría del valor trabajo que será utilizada por Carlos Marx (1818-1883) para sus investigaciones en el transcurso del siglo XIX, pero la  obra de Marx es mucho más que una teoría económica, es una concepción científica de la historia de la sociedad.

Smith planteaba los mercados comenzaban en un estado de anarquía que, a través de su funcionamiento era la fuente del crecimiento económico y social; por el contario para Marx consideraba que en el mercado se manifiestan las contradicciones internas del sistema capitalista, con la maximización de la tasa de ganancia como principal objetivo.

De tal forma la lucha despiadada en el mercado impide la organización del sistema económico que sería más beneficiosa para la sociedad, debido a que, por un lado, condiciona la reproducción y valorización del capital, pero, además oculta la esencia del capitalismo que es la explotación del hombre por el hombre, imposibilitando la auténtica emancipación de los  individuos.

En esa circunstancia comienza la gran mistificación del liberalismo y los mercados: la concurrencia de individuos aparentemente libres y en similares condiciones para competir.

Lo destacable es que, a pesar de los grandes experimentos de revoluciones socialistas a lo largo del siglo XX con sus valiosas experiencias, el sistema capitalista ha logrado imponer enormes barreras en el campo académico impidiendo que el pensamiento marxista pudiera confrontar sus postulados en igualdad de condiciones con los defensores del sistema capitalista.

Retomando el derrotero de Adam Smith y obviamente evitando las propuestas de Ricardo y Marx, hacia 1870 se desarrollan dentro del pensamiento liberal las denominadas escuelas neoclásica y austriaca.

Ambas son contemporáneas y se fundamentan en la obra de tres economistas: León Walras, francés, Stanley William Jevons, inglés (fundador de la escuela neoclásica) y Carl Menger, austríaco (fundador de la escuela que lleva su nombre). Los tres fueron los referentes principales de la propagación de las teorías económicos y dando comienzo a lo que se denominó revolución marginalista, con la teoría subjetiva del valor como sustento.

La denominación de revolución marginalista proviene de la representación gráfica de las funciones utilizadas para desarrollar sus modelos matemáticos, como funciones continuas, que permiten su expresión a través del cálculo diferencial.

En rigor el cálculo diferencial fue mayormente utilizado por la escuela neoclásica, en tanto la escuela austriaca adoptó una actitud crítica respecto al formalismo matemático.

Esta diferenciación se reprodujo en el siglo XX con Hayek y los monetaristas.

Para el historiador del pensamiento económico Joseph Schumpeter, lo que hermana ambas teorías es, sobre todo, la teoría subjetiva del valor en contraposición a la teoría objetiva de los clásicos y Marx. Además, a partir de esta derivación, las propuestas y análisis pasan a estar fundamentadas en reglas del comportamiento individual, apartando los razonamientos del contenido social, del rol de las clases sociales y de la lucha de clases.

En la década de 1930 la escuela neoclásica profundiza su adhesión a los modelos matemáticos para desarrollar sus investigaciones con lo cual se abstrae en forma pronunciada de los fenómenos de la realidad.

Por su parte la escuela austriaca critica la metodología neoclásica en cuanto a la utilización de modelos matemáticos, pero enfatiza su radicalización ideológica reaccionaria.

 La escuela neoclásica se expandió en el uso de instrumental matemático hasta tal punto, que el profundo conocimiento de recursos del cálculo se hace imprescindible para interpretar sus modelos, que por supuesto incluyen hipótesis ad-hoc que frecuentemente los alejan de la realidad.

Los descendientes de la escuela austriaca por su parte utilizan un lenguaje más accesible, que oculta su contenido reaccionario, basándose en apelaciones al sentido común como si sus postulados fueran los más favorables para los sectores populares.

De tal forma, sobre bases metodológicamente discutibles, los economistas neoclásicos y monetaristas reivindican su derecho a introducir hipótesis alejadas de la realidad pero presentadas con desarrollos matemáticos que le dan aspecto de cientificidad.

Así se construye un universo que poco tiene que ver con la realidad. Las aplicaciones matemáticas les dan valor aparentemente científico ya que el modelo en teoría “cierra”; desarrollan los modelos en sucesivas páginas de fórmulas complementadas con textos que precisan un contexto particular que acota el modelo y dentro del cual las afirmaciones tienen validez, pero cuyo contacto con la realidad no siempre se puede precisar.

Estos subterfugios se utilizan para demostrar la “racionalidad” y “eficiencia” del mercado pero que se deben a las restricciones impuestas en el modelo

 

 

 

 

 


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