A propósito de las argumentaciones teoricas de Milei
La enseñanza de la Economía
Política en la actualidad se estructura en priorizar en forma absoluta la
difusión como corriente predominante el pensamiento y doctrina del neoliberalismo
en sus diferentes variantes.
Se ha abandonado o
ignorado la teoría del valor trabajo para adherirse en forma dogmática a la
teoría subjetiva del valor.
Esta decisión resulta esencial a la hora de omitir la existencia de la tasa de plusvalía y del funcionamiento real de la economía del sistema capitalista.
Una de sus principales
expresiones es el modelo neoclásico que se apoya en la teoría subjetiva del
valor y del que surge la explicación más ambiciosa respecto a las propiedades
normativas del mercado.
Uno de sus ejes
analíticos es la denominada teoría del equilibrio económico general que fue enunciado
por el economista francés León Walras en 1874 y desarrollada por Vilfredo
Pareto en 1896. Ambos integraron la Escuela de Lausana. Era un ámbito donde se
oponían férreamente a las conclusiones derivadas de los trabajos de Ricardo,
Marx y Engels.
El modelo enunciado por
Walras-Pareto intentaba demostrar, utilizando un modelo matemático que por
tener igual cantidad de ecuaciones que de incógnitas, el modelo tenía una
solución univoca. En consecuencia se puede suponer la existencia de un conjunto
de precios que aseguraban que la oferta y la demanda se igualaban en un punto
de equilibrio.
Estudios posteriores demostraron que tal
aseveración no era correcta, ya que la igualdad de ecuaciones e incógnitas no
aseguraba el equilibrio del modelo.
En 1930 Abraham
Wald y John von Neumann logran una demostración rigurosa de las condiciones de
equilibrio. Veinte
años después, en 1950 Arrow, Debreu y Mc Kenzie generalizan las conclusiones de
Wald, lo que les aporta a Arrow y Debreu el premio Nobel, (que como sabemos, no
lo otorga la Fundacion Nobel, sino el Banco de Suecia)
El modelo de
equilibrio elaborado a partir de sus investigaciones describe un concepto de
mercado en el que oferentes y demandantes “optimizan” sus funciones
respectivas: la utilidad para los demandantes y las ganancias para los
oferentes con restricciones de naturaleza económica y tecnológica que acotan el
modelo.
Se incluyen
tres conjuntos de hipótesis referidas a la tecnología, las preferencias
individuales y las dotaciones de los individuos.
A partir de
allí se intenta determinar si existe un punto de equilibrio en la que todos los
agentes optimizan su objetivo, sujetos a las restricciones que acotan el
modelo.
En el punto de
equilibrio ningún agente estará interesado en cambiar su comportamiento
unilateralmente ya que obtiene el máximo de satisfacción posible, condición que
permite que el equilibrio perdure a menos que un shock externo al modelo
produzca una alteración de las coordenadas básicas.
En realidad, a
pesar de su sofisticación, el modelo vuelve a retomar las hipótesis primitivas
de las curvas de oferta y demanda ya que, en la teoría neoclásica las curvas de
demanda y oferta son la reproducción dentro de un modelo matemático restringido
a hipótesis que condicionan el modelo, pero que en resumen continúa con los
postulados básicos de la teoría clásica.
En el modelo de
Arrow la curva de demanda representa la cantidad que los agentes deciden
demandar basándose en su perspectiva de optimización.
Por su parte los oferentes
generan una curva determinada también por sus decisiones de optimización.
De tal forma oferentes y
demandantes están resolviendo los precios y cantidades basándose en sus
respectivos óptimos, de tal forma la intersección de ambas curvas configura una
posición de equilibrio a un precio que determina sus planes óptimos y por lo
tanto no tienen previsto modificar sus decisiones.
Ahora bien, que sucede si
no existe equilibrio posible. Si las hipótesis del modelo fueron satisfechas,
pero no se logra el equilibrio: el modelo no sirve ya que no ayuda a
explicar la configuración del mercado.
Es decir que tanto oferentes como demandantes no pudieron maximizar sus
objetivos por incompatibilidades.
La escasa representatividad
del modelo deviene de que en la teoría neoclásica las curvas de oferta y
demanda se construyen en base a los “óptimos” de los agentes que en su
trasfondo coinciden con el esquema clásico.
En el modelo
Arrow-Debreu tanto la curva de demanda como la de oferta se definen a partir de
que ambas partes definen sus decisiones óptimas; en ese caso las curvas se
definen en base a la resolución de las decisiones de optimización.
En consecuencia,
el “punto de equilibrio” (teórico) será aquel en que los agentes económicos
logran optimizar sus intercambios y no desean modificar sus decisiones.
Si las
hipótesis formuladas no son satisfechas el modelo es inútil ya que no explica cómo
funciona la configuración económica. Es decir, oferentes y demandantes no
logran maximizar sus objetivos porque entre si son incompatibles. El modelo entonces,
es incapaz de predecir resultados
Esta construcción del “mercado” teórico se nos presenta
como un espacio en el que interactúan en forma voluntaria individuos que se
enfrentan libremente en el proceso competitivo.
De esta forma el mercado se
presenta como un espacio donde oferentes y demandantes pueden libremente
cotejar sus ofertas y demandas.
En primer lugar, se debe
tener en cuenta, que los mercados competitivos son la excepción y que, aun existiendo,
las relaciones de poder existen siempre, inclusive en los mercados más
competitivos.
Por otra parte, la historia
del capitalismo nos demuestra que la tendencia histórica es hacia la concentración
y no a la atomización de la competencia.
Así presentado, se trata de
un mercado con reglas uniformes aplicadas a individuos que no son iguales entre
sí, ya sea por su diferente capacidad económica, por sus ventajas comparativas,
etc.
Por el contrario, la
uniformidad de las reglas del mercado favorece el triunfo de los más poderosos.
Es más, el capitalista puede ser la persona más magnánima del sistema, pero si
no baja los costos, sus competidores lo aplastan (y uno de los costos que
primero intenta bajar es el salario).
Además, el avance de la
globalización agudizó la competencia frontera afuera hacia a los países con
bajo costo de mano de obra.
La resolución del sistema
se da entonces dentro de la lógica de la maximización de la tasa de beneficio,
que es en definitiva el denominador común del funcionamiento del sistema
capitalista.
La ley del mercado es igual
para todos; los que no son iguales son los oferentes y demandantes. En realidad,
el postulado del beneficio de que exista un mercado es la idealización de un fenómeno
que no existe, al menos con las virtudes tales como lo plantea el mainstream.
La moral burguesa introdujo
al esfuerzo meritocrático como requisito basico para que los agentes logren “triunfar” en la lucha, aceptando la
votación “un dólar un voto” para justificar esa superioridad, lo que obviamente
se contradice con la “soberanía del consumidor”.
El juego del mercado no es
habilidad y suerte como pregonaba Hayek, es, en cambio, un ámbito donde se
materializa la lucha de clases.
Contrariamente a lo que
plantea la economía burguesa que los mercados son “racionales y eficientes”, en realidad es un
campo de juego donde prevalecen los
privilegios de clase, donde la clase dominante ejerce su poder.
Además se proclama como
virtud la “soberanía del consumidor” y
las preferencias del consumidor, como si todos los consumidores tuviesen en igualdad
de condiciones para competir.
La capacidad adquisitiva
del consumidor, la existencia de clases sociales, la explotación de los
sectores populares, etc. queda afuera del “modelo”.
En su reemplazo aparece la
meritocracia, el self made man y otros inventos para formar los super hombres
del sistema…
Los economistas burgueses utilizan
instrumental matemático para darle “brillo científico” a sus modelos a los que
incorporan al mismo tiempo una cantidad de restricciones y supuestos que lo
alejan de la realidad.
La realidad es que su
discurso está impregnado de ideología en la que la distribución del ingreso
esta dada, es decir no debe ser alterada.
Tanto dislate siembra dudas
sobre la realidad de los “precios de mercado” como si representaran el “valor”
de las mercancías.
Comparando teorías resulta
muy superior para explicar los valores y los precios y las preferencias del
consumidor, el criterio marxista de la
racionalidad de los valores de uso y la determinación de las prioridades
sociales seleccionadas democráticamente y con una planificación de la economía
en la que participen democráticamente los distintos actores sociales,
cumpliendo el principio de cada uno según sus capacidades y a cada uno según
sus necesidades.
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