La “teorías
libertarias” hicieron revivir viejas teorías que fueron rebatidas en su momento
por sus errores, sus falacias o su falta de correspondencia con la realidad.
Una de ellas
es la que explica el proceso de formación de los precios en el modelo
neoclásico
El
economista francés León Walras (1834-1910), contemporáneo de Marx, es
considerado el fundador de la economía matemática. Fue tal vez, el primer
economista en analizar el equilibrio del mercado.
Lo trató
como desarrollando un a matriz que representa el mercado con “n” productos que
se intercambian y que, a través de ese intercambio se logra un sistema de
precios en condiciones de equilibrio general y competencia perfecta.
La
introducción de supuestos restrictivos, como la existencia de equilibrio y
competencia perfecta comienza a alejarnos de la realidad.
Según la
teoría walrasiana el equilibrio general del modelo se logra a través de un
proceso de tanteo (tâtonnement), en el que interviene un subastador a través del cual se forman los
precios del mercado que, como se trata de precios de “equilibrio” generan el
vaciamiento del mercado, es decir no existan excesos de oferta ni de demanda.
La idea del
subastador proviene del funcionamiento de los mercados de campesinos franceses,
de finales del siglo XVIII.
La base del
planteo es la necesidad de una trayectoria estable que conduzca, por medio de
las fuerzas de mercado, hacia el equilibrio, los precios son exógenos a los
agentes y en consecuencia están determinados por la oferta y la demanda.
Los que compradores
y vendedores no fijan los precios, es el “subastador” quien los coloca en forma
arbitraria. Luego se resuelven por tanteo.
Aparece un primer problema: el subastador no
puede limitarse a aplicar pasivamente la ley de la oferta y la demanda en forma
arbitraria. No puede fijar un precio a parir de la información que posee ya que
existen n precios posibles, por lo tanto, el grado de variación de los precios
resulta arbitrario.
Su
aplicación en el modelo de equilibrio general neoclásico:
El
equilibrio general neoclásico (EGN) se estudia en microeconomía para explicar
el comportamiento de los precios y las condiciones para lograr el equilibrio
del mercado.
En el equilibrio
general neoclásico, tanto las fuerzas de la oferta como de la demanda no son
suficientes para formalizar un nivel de precio de manera endógena, en tanto
tienen que recurrir al subastador cuya decisión es por afuera de la voluntad
del mercado.
Aunque se
lograra un precio de equilibrio, este estaría arbitrado por el subastador y no
provendría de la voluntad del mercado. Solamente se podría eliminar al
subastador, sin abandonar el marco de la competencia, si el modelo incluye un
mecanismo de formación de precios.
El EGN no
define la realidad socio económica en la que se ubica, por lo tanto, es
abstracto, no es posible ubicarlo como equilibrio competitivo en una
colectividad de oferentes y demandantes que actúan en forma descentralizada.
La única
afirmación posible es afirmar la posible existencia de un punto de equilibrio,
pero sin confirmar que ese resultado sea la consecuencia de la acción de la
“mano invisible”.
Otro tema
importante es que el modelo no incluye ninguna hipotesis acerca del pago. No
interviene el dinero, cada mercancía se asocia con un número que es su precio.
Cuando el oferente vende, recibe un debito en su cuenta que es la suma pagada
por el agente y viceversa; un compromiso de entrega, es un número inscrito en
el haber de su cuenta.
Los saldos
se cancelan a través de una “caja de compensaciones” centralizada, la moneda es
una unidad de cuenta. El dinero actúa por afuera del modelo, vinculado por el
valor que se le asigne a cada producto.
Hubo
intentos de los economistas neoclásicos de introducir en el modelo la demanda
de dinero, hasta el presente esos intentos parecen infructuosos.
Debemos
observar que tanto la introducción del subastador como la caja de
compensaciones no pertenecen a la “racionalidad” del modelo, solamente son incorporaciones ad-hoc para que
la descripción del modelo tenga un
cierre decoroso ya que, sin la participación del subastador que oriente el
tanteo hacia un equilibrio y sin la caja de compensaciones para reemplazar al
dinero, faltarían elementos esenciales, para que los participantes en el
mercado, se aseguren que las transacciones que efectúan son compatibles con el
precio de equilibrio.
Por otra
parte, la idea de una caja de compensaciones, choca con el pensamiento liberal
individualista cuando propone una sociedad libre de instituciones, ni
regulaciones, etc. ya que no hay actividad individual posible sin un contexto
institucional que coordine su funcionamiento.
Es más, los
participantes no realizan operaciones bilaterales, participan en una
organización multilateral donde cada individuo, para participar, depende de la
autorización de los restantes.
En una
variante: el modelo de Arrow-Debreu, se incluye la posibilidad de una reunión
previa de los agentes para negociar previamente los contratos, pero, el papel
del subastador es precisamente el de generar esa negociación, pero debemos
tener en cuenta que mientras el acuerdo final no sea alcanzado no existe
compromiso alguno entre los agentes, solamente promesas, transformándolo en un
modelo centralizado, al ser la regla de juego, en consecuencia se debería llegar a un consenso antes que se cierren las
transacciones.
En el intento
de modelar la coordinación de los individuos por la intervención de la “mano
invisible” la teoría neoclásica generó un mundo donde los individuos actúan
solamente si todos están de acuerdo. Ese acuerdo se logra, no por el mercado,
sino por el accionar de organismos externos: subastador y caja de
compensaciones.
En resumen,
la propuesta de los economistas neoclásicos no puede vanagloriarse del éxito o
de la eficiencia de los mercados ya que, por ejemplo, no es posible asegurar
que una mala información o una rigidez de precios sea la causa de la inutilidad
practica del modelo, su ineficacia se encuentra en el seno del propio modelo.
El problema,
entonces, no es un exceso de abstracción, el problema es que padece de errores arbitrarios
al carecer de la propiedad de estabilidad y descentralización de las decisiones.
No reúne los requisitos esenciales de la “mano invisible” que, por otra parte,
luego de 200 años de ser enunciada como paradigma, no logra una explicación que
sea intelectualmente satisfactoria.
Ante los
fracasos sucesivos en lograr un cierre satisfactorio del modelo, los
economistas neoclásicos han optado por disimular o simplemente ignorar los
problemas de inaplicabilidad de la teoría, actuando como si no existieran
total: “Poco importa que el Rey esté desnudo si todo el mundo está de acuerdo
en no decir nada”
El problema
es que se fue abandonando el núcleo teórico.
El EGN va
perdiendo centralidad dentro de la teoría neoclásica, reemplazado por
diferentes ensayos que tampoco logran explicaciones satisfactorias.
Se elaboran
modelos parciales, construidos en base a hipotesis ad-hoc, con lo cual, en vez
de ser una explicación que abarque a un conjunto de la sociedad, se limita a
una hipotesis parcial de un fragmento de la misma.
Dentro de la
heterodoxia aparecen alternativas teóricas muy diversas y que incorporan
hipotesis basados en el pensamiento de Keynes y los keynesianos e inclusive
tomando ideas de Marx.
La teoría
neoclásica afirma que los precios, en resumen, surgen de la libre elección de
los demandantes, de acuerdo a sus preferencias individuales. Ignorando siempre
las diferencias de poder adquisitivo.
De alguna
manera al mercado lo podemos visualizar como un mecanismo de votación. En la representación formal desarrollada, en
los modelos matemáticos, en la teoría neoclásica el sistema del “voto” (la
decisión de comprar o vender a un determinado precio), aparece como el ideal
para obtener las preferencias sociales, a partir de las preferencias
individuales de un modo que sea compatible con un óptimo de Pareto. (x)
Sin embargo,
en los modelos no ingresa en forma explícita un concepto fundamental: el tamaño
de las billeteras, porque los individuos valen en base a este sencillo
argumento que, para los neoclásicos es un elemento neutral.
(x) El óptimo de Pareto es un punto de equilibrio en el que
ninguno de los agentes del mercado (Compradores y vendedores) puede mejorar su
posición sin perjudicar a alguno de los otros.