google-site-verification=FRCu69N9a4YBX7KF3q4H3foYbM2P4dGbY Marxismo y mercados: Economía pòlítica- El equilibrio general walrasiano

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Economía pòlítica- El equilibrio general walrasiano

 ¿Es posible el equilibrio general macroeconómico?

EQUILIBRIO GENERAL WALRASIANO

Dentro de la teoría neoclásica el modelo del equilibrio general walrasiano (en adelante EGW) constituye su núcleo fundamental.

Sobre la base de la elaboración de Walras (1834-1910) se ha desarrollado una amplísima literatura que incluyen apoyos como  sucesivas modificaciones y rechazos.

Ha sido tan importante su papel a lo largo de la enseñanza de la teoría económica, que ocupa el lugar central del análisis económico de los últimos 60 años.

En su obra “La riqueza de las Naciones”, Adam Smith (1723-1790) proponía que una economía liberal individualista (libre de intervencionismo estatal o colectivo) es la organización ideal para obtener un resultado óptimo, pues, a pesar que el individuo solo piensa en su propia ganancia “…es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones”

A partir de esa afirmación los economistas de ideología liberal se dedicaron a analizar las condiciones que se requieren para que se cumpla la propuesta Smithiana.

El EGW parte de una concepción individualista de la sociedad, de tal forma se aferra al individualismo metodológico, es decir, que se debe concebir a la sociedad como el resultado de la acumulación del comportamiento de los individuos. Se parte de un status-quo, es decir que antes de iniciar el desarrollo del modelo ya están definidos tanto las preferencias de los consumidores, su actitud maximizadora de beneficios, el stock de bienes y la tecnología, además la sociedad es racional, a partir de que sus integrantes son individuos racionales.

Como los individuos son concebidos dentro de una sociedad racional, se deduce que los individuos son todos racionales. Observemos que el concepto de racionalidad es un concepto relativo.

La racionalidad consiste en que los individuos coordinen sus acciones, y que participan en el mercado si esa acción les reporta una ventaja.

Las relaciones de intercambio de productos se transan en base a los precios relativos (de un producto respecto a otro) que a su vez son regulados por el mecanismo de los precios (“la mano invisible” de A. Smith), que compatibiliza los intereses de los participantes.

A través de ese mecanismo se formalizan las curvas de oferta y demanda que conducen a un precio en un punto de equilibrio ubicado en el cruce de ambas curvas.

Observemos que el modelo incluye una serie de supuestos que conducen a una exposición arbitraria. Se refiere a un contexto que no considera la realidad social prexistente. Solamente incluye información sobre stocks actuales y futuros.

Al elevar el nivel de abstracción por los supuestos restrictivos, la propuesta teórica crea un modelo matemático basado en  axiomas y reglas de lógica formal.

Por este sendero, la teoría económica se reduce a modelos que determinan relaciones entre variables que corresponden a algunas relaciones sociales entre individuos.

El panorama que presentan es  un conjunto de modelos que en forma ideal o abstracta idealizan un conjunto de mercados presentes o futuros, donde los concurrentes carecen de poder sobre el conjunto (mercado competitivo) y los participantes son tomadores de precio (Price-takers), es decir transan a los precios dados, que se supone son de equilibrio y generados por mecanismos a los que no tienen acceso.

Esa es la base de la competencia perfecta, sin intervención del Estado, sin monopolios. Es la expresión más elemental del liberalismo económico más básico, donde los precios dependen del mercado, no de los individuos.

Formación del EGW

El modelo en primer lugar supone que en el mercado se parte de un equilibrio general de precios y cantidades, dados los recursos, la tecnología y la preferencia de los participantes. No existen ofertas excedentes, de forma tal que los mercados quedan vacíos luego de la operatoria.

El equilibrio se logra a través de la oferta y demanda. La imagen es seductora.

Se adopta el criterio de eficiencia. Será “eficiente” si se cumple el criterio individualista de óptimo de Pareto: “una situación económica es óptima si no existe otra u otras que tengan la característica de mejorar al menos a un individuo sin perjudicar a los otros”. Ergo de redistribución del ingreso ni hablar…

Dados estos supuestos se transan las relaciones voluntarias de intercambio entre los participantes.

Veamos cuales son las hipótesis incluidas en el modelo.

Tanto oferentes como demandantes tiene una conducta racional y maximizadora. Cada participante elige la mejor opción en forma individual.

La elección se basa en una canasta de bienes divisibles y conocidos por los participantes.

Todos tienen información disponible completa y accesible sobre los stocks presentes y futuros.

La toma de decisiones se hace en base a precios únicos de los distintos bienes.

No existe incertidumbre. El futuro se estima cierto y conocido.

Los participantes no pueden formar precios. Son tomadores de los precios dados en competencia perfecta.

El mercado tiene un límite de tiempo.

Los agentes no tienen posibilidad de alterar las reglas del mercado.

Existe un subastador de precios (subastador walrasiano) que anuncia los precios, el subastador tiene la potestad de cambiarlos de acuerdo a las decisiones de los participantes y anunciar si existe un equilibrio virtual. (Esta figura es importante a la hora de analizar el papel del planificador en un sistema socialista).

Algunas conclusiones

La posibilidad de sugerir la superioridad del liberalismo respecto al socialismo se basa en la introducción del óptimo de Pareto, según el cual: el equilibro general es posible si existe un óptimo para los individuos participantes.

La deducción al respecto es que la única critica a la economía mercantil puede referirse a la distribución inicial de los recursos, pero a continuación el mercado no interviene en la redistribución de la riqueza.

Pero hay que señalar que si no se cumplen las condiciones previstas el equilibrio no existe o no es óptimo. Tal sería el caso de la formación de curvas con convexidades (no continuas) que impiden su tratamiento matemático o la presencia de rendimientos crecientes a escala (p.ej. formación de monopolios), que invalidan el modelo

A partir de EGW se han construido diferentes modelos tendientes a cumplir el óptimo paretiano mediante la introducción de nuevos supuestos.

Al efecto se parte del concepto de la “eficiencia del sistema de mercado”. Sin embargo, como su representación no se condice con la economía real, los modelos se utilizan como “caja de herramientas” para ubicarlos en el seno de la teoría y efectuar nuevos desarrollos.

De tal forma tratan de explicar porque los modelos teóricos fallan en la realidad. Generalmente el procedimiento consiste en eliminar algunas de los postulados del modelo de EGW, con lo cual no se pueden lograr los resultados inicialmente previstos. Ese vacío se reemplaza a continuación por una “anormalidad” vg. Inelasticidad de precios o una asimetría de la información, etc. Con la nueva hipótesis se intenta construir un nuevo modelo teórico con las condiciones necesarias para lograr un nuevo equilibrio.

Si se lograra el equilibrio en el nuevo modelo, sería de “calidad inferior” al EGW, demostrando las fallas del mercado al apartarse del modelo original donde se configuró un óptimo paretiano.

Los economistas de la escuela neoclásica no creen que la realidad pueda reproducir lo postulado por los modelos teóricos dotados de “pureza”. Su pensamiento se centra en que la realidad es una “anormalidad” respecto al modelo teórico. De tal forma el modelo teórico permite hacer visible lo “imperfecto”, lo “ineficiente”, que son las fallas del mercado, equivalentes a equilibrios no óptimos.

 

 

 

 


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