google-site-verification=FRCu69N9a4YBX7KF3q4H3foYbM2P4dGbY Marxismo y mercados: ¿Hacia dónde vamos?

martes, 25 de marzo de 2025

¿Hacia dónde vamos?

 Mientras
 los estúpidos dirigentes de la UE están promocionando una guerra que suponen, tendrá el Báltico como escenario, aprovechando el estímulo a odios ancestrales… imaginan una guerra que será financiada con los bolsillos de los pueblos de Europa…

(en otra habitación) 
 Trump y Putin negociarán temas “más importantes”.

Por ejemplo, como aprovechar el Ártico (si continua el deshielo) p.ej. la navegación, el aprovechamiento de sus recursos naturales (energía, minerales, pesca, etc.) sorteando, además, los pasos marítimos conflictivos.

Lo racional sería que los fondos destinados a la guerra fueran utilizados para reconstruir las viviendas, hospitales, escuelas, infraestructuras, etc que destrozó la guerra. A ese fondo tendrían que contribuir también los rusos y EEUU. De paso crear otro fondo a cargo de EEUU e Israel para reconstruir Gaza. A EEUU con suprimir algunas de las 850 bases que tiene diseminadas por el planeta, le sobraría.

Mientras tanto la crisis del sistema capitalista avanza sin prisa y sin pausa. Marx decía que el capitalismo es autodestructivo y la historia esta demostrando que muy equivocado no estaba.

Continúa la obscena acumulación de riqueza, al mismo tiempo que una cantidad inmensa de seres humanos carece de los elementos más elementales, tampoco se detiene la proliferación de las guerras genocidas…el capitalismo transforma todo en dinero y mercancías. Son fuerzas que escapan a nuestro control, el capitalismo se transforma en una lente a través de la cual percibimos la realidad y puede ser que avance como una maquina hacia su propia autodestrucción. 
La pregunta es: ¿qué pasa cuando un sistema alcanza los límites de su crecimiento?

El realismo capitalista es una especie de encantamiento colectivo, donde la única realidad posible es aquella gobernada por el mercado. Con cada nuevo avance tecnológico, con cada nuevo ciclo económico, tenemos la impresión de que no hay escapatoria. Vivimos en un simulacro. Una ilusión de libertad donde todo es mercancía, inclusive nuestras ideas y sentimientos. 

Hubo un tiempo en el que otros sistemas políticos y económicos parecían viables: vg. el feudalismo, que en Europa duró siglos. Para el pueblo era imposible imaginar un mundo sin señores feudales y siervos, pero ocurrieron luchas sociales y transformaciones tecnológicas que lo hicieron colapsar, también pasó con los imperios anteriores (el Romano que se creía indestructible, pero su sistema económico y político se volvió vulnerable).

El capitalismo marcha como un automóvil sin conductor, Marx predijo que colapsaría por sus propias contradicciones internas, por la acumulación de riquezas en pocas manos. Tal vez no necesite ser eliminado por una revolución, la tecnología es un vector de la transformación. El capitalismo desde hace siglos depende del trabajo humano que le provee la plusvalía. La tecnología, con la automatización y la inteligencia artificial, no lo es todo, aunque sea más específica, siempre la mano de obra humana será necesaria y consecuentemente habrá creación de plusvalía.

Las elites que dominan las finanzas y el comercio a escala planetaria, controlan también la narrativa, estimulando la explotación sin control de los recursos naturales, son las principales responsables de llevar al capitalismo a su límite. Pero, ¿Qué ocurre si en algún momento la aceleración alcanza ese límite? ¿Si el proceso, que siempre fue de avance, lo llevara al colapso?
 
El capitalismo se mueve a una escala cada vez mayor y a mayor velocidad. Es más difícil su gobernanza. Dicen los filósofos del aceleracionismo que el capitalismo es un sistema económico que se desarrolla en forma incontrolable, impulsado por la tecnología y el mercado. La inteligencia artificial, la digitalización etc. tienen un creciente grado de autonomía en su operabilidad, no necesitan autorización para cruzar fronteras, cambios que llevaban siglos se operan en forma inusitada.

¿Cuál es la estrategia? ¿Oponerse al avance o acelerar su lógica? Marx decía que el capitalismo genera sus propias contradicciones. ¿Estamos en esa etapa definida por la frase, (tan remanida) de Gramsci: “que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no empieza a desarrollarse”?

 ¿Cuánto dura este tránsito?

Parece un pensamiento apocalíptico, pero hay síntomas de que algo de esto está ocurriendo, porque el cambio tecnológico, no solo acelera la producción y el consumo; también la desigualdad social.

La concentración de la riqueza en el sector privilegiado alcanza niveles inimaginables. Mientras millones luchan por sobrevivir, un pequeño grupo a escala planetaria acumula fortunas que se superan año tras año.

Esas fortunas se incorporan a fondos de inversión que también captan ahorro de pequeños y medianos inversores, creando una comunidad de intereses que contribuye a consolidar una ideología de apoyo al sistema.

Las enormes estructuras financieras pareciera que consolidan el funcionamiento del capitalismo cuando, en realidad, sus contradicciones y rupturas socavan lentamente sus cimientos. Sus efectos se ven en sus disrupciones como fue la crisis del 2008.

Una de las estructuras más importantes del sistema capitalista, como es el gobierno de EEUU, pareciera que, a través de sus múltiples y complejas organizaciones, controla el funcionamiento del estado cuando, y en estos coinciden muchos analistas, es exactamente al revés.

Nadie puede predecir el futuro, lo que, si es necesario, es tomar conciencia del estado de situación, sin ideas catastrofistas, por el contrario, pensando en la necesidad de cambios y en especial que no es la guerra el camino.

El avance tecnológico es imparable, es impredecible pensar un futuro ni siquiera próximo, pero lo importante, no es predecir el futuro, lo importante es discutir que futuro queremos. El planeta genera bienes y servicios que supera ampliamente las necesidades de sus 8.000 millones de habitantes. Pero hay varios miles de esos millones que carecen de lo más esencial.

El tema entonces no es el crecimiento indiscriminado, la base está en la distribución del producto.

No es posible hacer predicciones, pero si analizar la historia de la humanidad, nunca fue lineal, pero también nunca estuvo tan cerca de autodestruirse

Ningún imperio dura eternamente y el cambio es necesario.

 Decía Walter Benjamín: “El progreso que, se suponía, era nuestro ángel guardián, bien podría ser el ángel de la destrucción” (Escritos franceses); si el sistema colapsa puede llevarse consigo no solo sus desigualdades y contradicciones sino también las de las propias bases de la sociedad.

Lo cierto es que, si queremos un nuevo mundo, debemos comenzar a construirlo antes que el viejo colapse.

Por Oscar Exposito
25/3/2024


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