google-site-verification=FRCu69N9a4YBX7KF3q4H3foYbM2P4dGbY Marxismo y mercados: ¿Porque los pobres votan a la derecha?

jueves, 7 de agosto de 2025

¿Porque los pobres votan a la derecha?

¿Por qué un sector de  los trabajadores de bajos ingresos y los jóvenes votan a la ultraderecha?


La evolución de la economía en los países un proceso de desindustrialización, precarización laboral, dificultad de acceso a la vivienda y la reducción o anulación de políticas sociales que golpea con intensidad a los sectores populares y en especial a la juventud.

En ese contexto surge en los sectores marginados la ira, el miedo y la incertidumbre y, además, la sensación de abandono político.

Se propaga la sensación que tampoco los partidos de izquierda (la socialdemocracia o sectores de izquierda, con sus propuestas, son vistos como parte del sistema alejados de la solución de los problemas cotidianos.

En ese contexto la ultraderecha canaliza ese resentimiento en clave nacionalista, racista o anti élite.

Decía Polanyi que en el contexto de mercantilización extrema, si la izquierda no ofrece una alternativa, la respuesta puede tomar la forma autoritaria o reaccionaría

 

🧱 Desclasamiento y crisis de identidad

  • La estructura de clases ha cambiado. Muchos trabajadores no se reconocen como tales. Son autónomos precarizados, riders, desempleados intermitentes, etc.
  • Falta una identidad colectiva obrera fuerte.
  • La ultraderecha ofrece una identidad alternativa: nacional, étnica, de “gente común” vs élites/globalistas/inmigrantes.

🔗 Marxismo: el debilitamiento del sujeto colectivo proletario facilita la fragmentación ideológica, y la derecha puede hegemonizar esa "guerra de posiciones".


 📉 Crisis de representación y descreimiento en la política

  • Las instituciones democráticas se ven como corruptas o ineficaces.
  • La ultraderecha aparece como "anti-sistema", aunque sea profundamente sistémica.
  • Votar fascistas no es solo apoyo: también es castigo, "tirar una bomba" al sistema.

🔗 Hay aquí una crítica latente a la forma liberal de la democracia. El problema es que la derecha ofrece una “salida” en forma de autoritarismo plebiscitario.


🧠 Guerra cultural y resentimiento moral

  • Muchos jóvenes sienten que no tienen futuro (ni vivienda, ni trabajo estable, ni expectativas claras).
  • La derecha canaliza ese malestar como resentimiento hacia minorías, feminismo, inmigrantes, lenguaje inclusivo, etc.
  • Se construye un marco emocional de rebeldía reaccionaria, donde la derecha parece "romper lo políticamente correcto".

🔗 Recordemos a Gramsci cuando hablaba de la  disputa del sentido común, la  hegemonía cultural. La izquierda perdió parte del “sentido común popular” al centrarse en temas identitarios sin articularlos con la cuestión social.


 🏛 La izquierda en crisis: sin proyecto histórico ni organización popular

  • Muchas izquierdas abandonaron el horizonte de transformación social profunda.
  • La lógica institucional, electoral y la gestión del neoliberalismo las alejó del conflicto real.
  • Se rompieron los vínculos orgánicos con el mundo del trabajo: sindicatos debilitados, partidos convertidos en maquinarias electorales.

🔗 En clave marxista: el sujeto revolucionario no se construye espontáneamente, necesita organización, pedagogía política, experiencia compartida. Sin eso, la derecha ocupa el vacío.

Resumiendo:

La adhesión de sectores populares a la ultraderecha no es un misterio psicológico, sino una respuesta social a una crisis estructural, en un contexto de derrota ideológica y organizativa de la izquierda.

La ultraderecha aparece como rebelde y popular, mientras que la izquierda aparece como elitista, moralista y alejada del pueblo.

El neoliberalismo ya no se limita a desregular mercados o privatizar servicios: ha penetrado en la estructura misma de la vida cotidiana y en la formación del yo. Las redes sociales, los discursos de éxito individual y la estética del influencer no son solo distracciones: son formas de interpolación ideológica, que transforman al sujeto precario en un emprendedor frustrado, y luego, en muchos casos, en un reaccionario resentido.

Frente a este panorama, la izquierda no puede limitarse a denunciar,  o a repetir consignas que ya no interpelan a nadie fuera del propio campo militante. Tampoco puede seguir hablando desde arriba, con tono docente o moralizante, como si la verdad bastara. La verdad sin deseo no tiene poder político.

Hoy, la lucha no es sólo por el poder institucional, ni siquiera por la hegemonía cultural en abstracto: es por el deseo de vivir distinto, por la reinvención de lo colectivo en un mundo que ha sido brutalmente individualizado. Esto exige crear nuevas formas de intervención política y pedagógica que no eludan la complejidad del presente, pero que se atrevan a reconstruir la imaginación social desde abajo y en clave popular.

No habrá “retorno de la conciencia de clase” si no hay también una disputa por el lenguaje, las emociones, los referentes, los sueños. Si la ultraderecha es capaz de captar el odio y convertirlo en fuerza política, la izquierda necesita volver a construir amor por lo común, formas de comunidad, de lucha, de orgullo compartido.

La pregunta que queda abierta no es por qué los de abajo votan a los de arriba. La verdadera pregunta es: ¿qué dejó de hacer la izquierda para que eso ocurriera? Y qué puede —y debe— inventar para evitar que lo que viene sea aún peor.

Conclusión: disputar la fábrica del deseo

La pregunta entonces no es solo por qué los pobres votan a los ricos o los jóvenes a los fascistas. La clave es entender cómo se construyen hoy las subjetividades políticas, en un ecosistema que no distingue entre entretenimiento, ideología y mercancía.

Si no se disputa ese terreno —con nuevas formas de organización, imaginación política, mediación cultural y creación simbólica—, la extrema derecha seguirá ocupando el espacio con mensajes simples, virales y afectivamente eficaces.

No se trata solo de “combatir el fascismo”, sino de reconstruir el sujeto colectivo popular 

“El poder no es solo el control de las instituciones, sino también la capacidad de producir sujetos y deseos. Quien controle la imaginación social, controlará el futuro.”
— (Raúl Zibechi)

“La vieja sociedad está muriendo y la nueva tarda en aparecer. En ese claroscuro surgen los monstruos.” Antonio Gramsci (Cuadernos de la cárcel)

“No hay documento de cultura que no sea al mismo tiempo documento de barbarie.” Walter Benjamin— Tesis sobre la filosofía de la historia


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