Rescatar el
Tercer Mundo: Prashad, Fanon y Amin ante el colapso del proyecto emancipador
El Tercer Mundo no fue solo una categoría
geográfica ni una etiqueta impuesta por el sistema internacional: fue, ante
todo, un proyecto político colectivo, una apuesta por la
autodeterminación, la justicia global y la construcción de un orden alternativo
al capitalismo imperialista. Vijay Prashad, en su libro Las naciones oscuras
(The Darker Nations, 2007), reconstruye la historia de esa apuesta, sus
contradicciones, sus derrotas y sus huellas persistentes. A partir de ese
relato, es posible reactivar una lectura crítica y actualizada de dos
pensadores clave del anticolonialismo del siglo XX: Frantz Fanon y Samir
Amin.
El Tercer
Mundo como sujeto histórico
Vijay Prashad propone una historia no oficial del
siglo XX. Frente al relato dominante que presenta la descolonización como una
transición pacífica hacia la modernización capitalista, su trabajo recupera las
voces y luchas de los pueblos del Sur global que imaginaron y pelearon por una
alternativa sistémica.
Para Prashad, el Tercer Mundo no fue simplemente
un conjunto de países pobres, sino un actor político transnacional, un
bloque que intentó situarse entre las dos grandes potencias de la Guerra Fría
construyendo una tercera vía: ni capitalismo liberal ni socialismo soviético,
sino un modelo propio de desarrollo con justicia social, soberanía política y
redistribución global del poder.
Este proyecto se articula en varias experiencias:
la Conferencia de Bandung (1955), el Movimiento de los No Alineados, el impulso
a economías estatales planificadas, las redes de solidaridad entre movimientos
de liberación nacional, la exigencia de un Nuevo Orden Económico Internacional
en la ONU durante los años 70. Fue un momento de esperanza revolucionaria a
escala mundial.
Pero también fue un proceso lleno de
contradicciones. La presión de las potencias occidentales, los golpes de
Estado, la coacción de las instituciones financieras internacionales, y la
consolidación de elites poscoloniales autoritarias o corruptas fueron
erosionando desde adentro y desde afuera ese horizonte emancipador. A fines de
los 80, el proyecto del Tercer Mundo se desarticula, sustituido por una
inserción subordinada al orden neoliberal.
Fanon: del
sujeto colonizado al fracaso del Estado nacional
Frantz Fanon, médico y militante anticolonial,
analizó como pocos la relación entre colonialismo, subjetividad y emancipación.
En Los condenados de la tierra (1961), Fanon alerta sobre un peligro
central: que las burguesías nacionales, una vez lograda la independencia,
reemplacen al colonizador sin transformar las estructuras materiales ni las
jerarquías sociales.
Fanon concibe la descolonización no como un
simple cambio de bandera, sino como un proceso de ruptura total con el orden
colonial. La liberación debe ser económica, política, cultural, pero también existencial.
Es una reconstrucción del sujeto, del ser, de la dignidad negada por siglos de
dominación.
Prashad recoge esa advertencia. En Las
naciones oscuras, muestra cómo muchos Estados poscoloniales pronto se
convirtieron en formas vaciadas del proyecto original. El aparato
estatal se burocratizó, se cerró sobre sí mismo, se hizo funcional a las elites
locales y al capital extranjero. Las promesas de igualdad, redistribución y
autodeterminación quedaron relegadas ante los imperativos del orden
internacional.
Fanon y Prashad coinciden en que la traición del
proyecto anticolonial no fue un accidente, sino el resultado de una estructura
heredada y de una clase dirigente incapaz (o no dispuesta) a romper con las
lógicas del colonialismo.
Amin:
dependencia, desconexión y sistema mundo
Desde una perspectiva más sistemática y
económica, Samir Amin analiza el fracaso del Tercer Mundo en clave estructural.
En su teoría de la acumulación a escala mundial, el capitalismo funciona
como un sistema jerárquico donde los países del centro acumulan valor a
expensas de la periferia. Esta relación no se rompe con la independencia
formal. La dependencia económica, tecnológica y financiera mantiene a los
países del Sur en una situación subordinada.
Frente a esto, Amin propuso una estrategia de
"desconexión": no como aislamiento autárquico, sino como
construcción soberana de proyectos nacionales y regionales que no se subordinen
a las reglas del mercado global. Esta propuesta resuena con el impulso del
Tercer Mundo tal como lo relata Prashad, pero también permite explicar por qué
muchas de esas experiencias fracasaron.
Prashad documenta cómo, a pesar de los discursos
soberanos, muchos países mantuvieron estructuras productivas dependientes,
adoptaron modelos desarrollistas imitativos, y no lograron consolidar alianzas
estables que enfrentaran el poder de las instituciones globales como el FMI o
el Banco Mundial. La desconexión quedó como una posibilidad no realizada.
Memoria
activa: internacionalismo y presente
Hoy, cuando las desigualdades globales se
profundizan, las guerras resurgen y el orden internacional se reorganiza bajo
nuevas formas de dominación, el legado del Tercer Mundo sigue siendo relevante.
Prashad no plantea una nostalgia, sino una memoria activa: rescatar las
experiencias, ideas y horizontes que fueron borrados o derrotados, para
repensar el presente desde el Sur.
Los proyectos regionales como ALBA, CELAC o los
BRICS, aunque contradictorios, expresan fragmentos de esa voluntad de
autonomía. Lo mismo ocurre con los movimientos campesinos, los feminismos del
Sur, las luchas contra el extractivismo o por la soberanía alimentaria. Son
formas parciales, pero vivas, de resistencia a la lógica del capital global.
Fanon, Amin y Prashad convergen en una idea
clave: sin una transformación profunda del sistema mundial, sin descolonización
real, sin internacionalismo de los pueblos, no hay salida duradera. El Tercer
Mundo como proyecto histórico fracasó, pero su espíritu sigue vivo en cada
intento de pensar el mundo desde los márgenes y contra el capital.
Conclusión
El desafío actual no es repetir el pasado, sino aprender
de él. De sus logros y derrotas, de sus límites y sus potencialidades.
Frente a un capitalismo en crisis y una izquierda muchas veces encerrada en
lógicas nacionales o defensivas, recuperar el internacionalismo del Tercer
Mundo es una tarea urgente. No como una consigna vacía, sino como un proyecto
concreto de emancipación global desde el Sur.
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