por Oscar Estevez
La pueblada
De golpe ocurrió lo previsible.
Después de 740 días se fue expulsado por una pueblada
originada en las protestas que generó su gobierno.
Un conservador inepto, un inútil que ordenó reprimir con una inusual ola de violencia provocando la muerte de 28 jóvenes y centenares de heridos.
Las pantallas de televisión difundieron por todo el mundo la
cobarde agresión en la Plaza de Mayo, y en otras calles y plazas del país, por
parte de efectivos de la policía.
Deja un país exhausto, sumergido en la incertidumbre, con
problemas de todo tipo y cuyas soluciones están apuradas por reclamos de
diferentes sectores, desde los hambrientos y los sin trabajo hasta los
inversores y especuladores.
Ni siquiera el resultado de las elecciones del 14 de
octubre, preñadas de advertencias al Gobierno, lograron alertarlo sobre la
miseria creciente que generaba un desocupado por minuto.
Con razón se lo definió como autista. Al igual que Raúl
Alfonsín y Carlos Menem, subió haciendo promesas que fueron quedando en el
olvido.
Alfonsín llenaba sus
discursos con la palabra democracia, pero terminó pactando con los carapintada,
iba a generar un gran proceso de saneamiento económico y terminó arrasado por
la hiper.
Menem prometió hacer la Revolución Productiva, la justicia
social y otras mentiras por el estilo y concluyó enajenando el patrimonio
nacional, vaciando el país y llenando sus arcas y las de sus seguidores más
conspicuos.
Fernando De la Rúa iba a desarrollar la "Conadep de la
corrupción”, pero terminó en una crisis
estructural, social.
Tiene su expresión en
lo económico, pero es una crisis esencialmente política y debe tener una
solución en ese terreno. menemismo del peor estilo para terminar en dupla con
un talibán económico, gran defensor del interés de los bancos y del sistema
financiero y sus privilegios.
Tanto desatino hacía prever lo que finalmente sucedió: la
gente ganó la calle en forma espontánea, masiva, para manifestar su bronca, su
indignación a la burla oficial.
En los hechos del 19 y el 20 de diciembre quedó claro que la
voluntad popular era paciencia cero, tolerancia cero, credibilidad cero.
Acerca del ser y el deber ser El mundo sabe que la Argentina
no es un país pobre; tiene, sí, una mayoría de su población progresivamente
empobrecida.
A manera de ejemplo:
este año, a pesar de las inundaciones, de las agresivas medidas proteccionistas
de los países desarrollados, del riesgo país, la moneda sobrevaluada, etcétera,
y sobre la base de ventajas comparativas naturales y el avance tecnológico,
tendremos una cosecha de granos de 60 millones de toneladas, cifra que duplica
a la obtenida hace una década, y que genera saldos exportables a más de cíen
países.
También comenzó a funcionar, a partir de este año, la mayor
planta del mundo productora de urea, un fertilizante que se obtiene a partir
del gas natural, que antes, en parte, se venteaba.
Nuestro país es, además, superavitario en la producción de
una gran variedad de alimentos, combustibles, minerales, energía, etc.
Nuestros habitantes acreditan un importante acervo
intelectual y cultural. A pesar de la constante emigración de inteligencia
tenemos un destacado potencial de científicos y mano de obra calificada,
capacidad innegable de crecimiento en diferentes áreas de la producción y de la
investigación.
¿Cómo explicar en forma breve, entonces, las razones por las
que llegamos a esta situación?
¿Cómo interpretar esta contradicción entre lo potencial y lo
real, entre el deber ser y el ser?
El saqueo a lo largo
de los años, los funcionarios que ocuparon la dirección política y económica
del país, acompañados por los lobbies de los grandes intereses económicos, se
ocuparon de frustrar gran parte de las posibilidades potenciales.
De la mano de hábiles campañas mediáticas que generaron una
manipulación de la opinión pública tendiente a justificar y apoyar políticas
que favorecieron a los sectores de elite (nacionales y transnacionales), se
saquearon las riquezas y se frustraron sucesivamente todas las iniciativas
democráticas y los esfuerzos de los dirigentes populares por cambiar el rumbo.
La primera etapa del saqueo comenzó justamente con la
dictadura militar. Recordemos que su principal ideólogo y ministro de Economía
-José Alfredo Martínez de Hoz- fue el abanderado y promotor de las ideas
neoliberales que impulsaron el paulatino desmantelamiento de la industria y
estimularon la fuga de capitales.
La tipología de la crisis actual es mucho más profunda que
lo que sería una crisis monetaria.
El tema no pasa sólo
por discutir la necesidad de devaluar la moneda.
Es una crisis estructural, social.
Tiene su expresión en lo económico, pero es una crisis
esencialmente política y debe tener una solución en ese terreno.
Las elecciones del 14 de octubre mostraron un test muy claro
en ese sentido. Además del importante avance de los votos de izquierda, una
gran cantidad de ciudadanos optaron por impugnar, por abstenerse o por votar en
blanco, rechazando así la oferta bipartidista.
Se ha generalizado en nuestro país un creciente rechazo
hacia los lineamientos y propuestas del neoliberalismo, no sólo dentro del
espectro de opiniones que va del centro a la izquierda sino también de parte de
los representantes de grandes empresas integrantes del denominado Grupo
Productivo, enfrentado a las propuestas de los grandes intereses financieros.
Aquí hay un costo que alguien tiene que pagar. Existe una
demanda inmediata de generación de empleos y solución al problema del hambre,
pero además es necesario revertir la actual estructura de la distribución del
ingreso.
Revertir esta injusta situación implica instrumentar una política
económica con sentido social que impida que continúe el castigo a los sectores
pauperizados que no tienen posibilidad de equilibrar la previsible pérdida
inflacionaria. El gobierno va a estar sometido seguramente a crecientes
presiones, en especial de aquellos sectores temerosos de perder sus
privilegios, porque, como bien dice Roberto Tito Cossa:"... no todos los
argentinos somos iguales, hay clases sociales, hay actitudes, en fin, hay
ideologías diferentes".*
¿Qué hacer? El
panorama político de los próximos meses va a ser muy agitado. Estarán en
discusión todas las variantes posibles para generar un cambio inevitable. Los
sectores incluidos en el arco ideológico progresista tendremos una importante
oportunidad para explicar nuestras propuestas.
Los acontecimientos recientes han indicado un
fortalecimiento de las posiciones que defienden los intereses populares: en
primer lugar, la consulta popular que tuvo lugar entre el 14 y el 17 de
diciembre en la que tres millones de votantes se pronunciaron a favor del
seguro de empleo y formación impulsado por el Frente contra la Pobreza en
Defensa del Trabajo y de la Producción (Frenapo). Y, además, la consolidación y
crecimiento del Frenapo en sí; la realización del IV Encuentro por el Nuevo
Pensamiento; el desarrollo y la concientización del movimiento piquetero; el ya
citado incremento de los votos de las izquierdas el 14 de octubre; los más de
800.000 afiliados con que cuenta la CTA; en fin, los cientos de manifestaciones
populares que culminaron con la impresionante movilización que derribó al
delarruísmo.
Además de suspender el pago de la deuda y sus intereses y
atacar en forma inmediata el hambre y el desempleo, existen otras propuestas
para defender.
Es necesario impulsar un programa económico que ponga en
marcha las enormes posibilidades que tiene la Argentina. En ese sentido, el
Plan Fénix -elaborado por docentes e investigadores de la Facultad de Ciencias
Económicas de la Universidad de Buenos Aires- es un buen material de base para
la discusión.
Es preciso intentar desarrollar una democracia sobre nuevas
propuestas, una democracia con mayor participación de los ciudadanos,
removiendo las viejas estructuras de la partidocracia caduca del acuerdo
radical-peronista. Engendro que encierra en un círculo vicioso a la actividad política
para terminar siendo cautivos de los sectores más reaccionarios y al servicio
del establishment financiero internacional.
La consigna es defender al país del perverso capitalismo
globalizado. Que las movilizaciónes del 19 y el 20 de diciembre se continúen en
un permanente reclamo por cambiar el rumbo en un sentido progresista y
auténticamente democrático.
Para que las 28 muertes no hayan sido en vano.
Para que surja el optimismo histórico.
En fin, recordamos en estos momentos a grandes humanistas
como Julius Fucick y Nizim Hickmet, quienes en situaciones profundamente
dramáticas también hablaron de la esperanza...
Buenos Aires, 26 de
diciembre de 2001
Oublicada en Revista Tdesis 11
“Es preciso intentar
desarrollar una democracia sobre nuevas propuestas, con mayor participación de
los ciudadanos, removiendo las viejas estructuras de la partidocracia caduca
del acuerdo radical peronista.” medios/comunicación/LA TRIBU
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