El atentado del 11 de setiembre marcó el inicio de un nuevo ciclo histórico para la humanidad.
En otro nivel, en las elecciones del 14 de octubre los votantes de la Argentina expresaron su rechazo a la administración política del país.
Los dos hechos se superponen al agravamiento creciente de la situación económica y social de nuestro país.
De la guerra que se desarrolla en forma creciente sólo pueden esperarse secuelas negativas para el mundo en general y para nuestro país en particular.
Luego del domingo 14 de octubre cambió el mapa político argentino. Sin embargo, no aparece un proyecto con la fuerza suficiente que permita avizorar la consolidación de una propuesta muy diferente.
El justicialismo, con Eduardo Duhalde a la cabeza, comienza a recuperar espacios con una demanda productivista diferenciada de las propuestas neoliberales.
Digamos: necesario pero no suficiente. Las ideas neoliberales y las políticas propuestas por los organismos financieros internacionales vienen siendo crecientemente cuestionadas, incluso desde sectores pertenecientes al establishment.
Recordemos, por ejemplo, las voces en su contra que se alzaron en Davos así como también las del reciente premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, todo un símbolo.
Mientras tanto, la situación económica y social continúa agravándose y no aparecen soluciones para los grandes temas: desocupación, pobreza, deuda, crecimiento, entre otros.
Las tres D Default:
Está claro desde hace tiempo que nuestro país no está en condiciones de pagar la deuda de manera alguna. Esta circunstancia ya no es negada por nadie. Los intentos del gobierno de nuevos canjes con la intención de refinanciar y bajar costos tendrán como resultados, por ejemplo, perjudicar el valor de los activos que administran las AFJP, sus carteras de bonos.
Este hecho implica una mayor incertidumbre sobre las posibilidades de esas instituciones de abonar las prestaciones a los futuros jubilados.
La virtual cesación de pagos genera la persistencia de un alto riesgo país y elevadas tasas de interés internas que impiden la reactivación y paralizan los planes de inversión y consumo.
Las otras dos D -dolarizacióri o devaluación- son criticadas con sólidos argumentos desde diferentes sectores.
La devaluación traerá sin duda más perjuicios que beneficios. Los principales perjudicados serán los sectores de ingresos fijos: asalariados, profesionales, Pymes, deudores en dólares, etc.
Se produciría un fuerte rebrote inflacionario, el 95 por ciento de la deuda pública está expresada en dólares y en un país con una economía cerrada como el nuestro un incremento de las exportaciones, por muy importante que fuera, no alcanzaría a producir un impacto en el crecimiento de magnitud tal que compense los efectos negativos expuestos.
Los efectos de la dolarización serían más negativos aun. En primer lugar, no está claro cuáles serían los beneficios. Si se hiciera uno a uno desaparecería el riesgo cambiarlo pero no mejorarían las condiciones para pagar la deuda, no mejorarían los precios relativos para alentar exportaciones, se perderían los ingresos de señoreaje (u$s 900 millones anuales), el Banco Central perdería su autonomía para fijar la política monetaria, etc. Sería el broche de oro de la dependencia. El déficit cero La necesidad de cerrar las cuentas obliga a continuos reajustes. Se estima que antes de Tin de año los reajustes serán de entre 1.600 y 2.000 millones, siempre y cuando la recaudación no sea menor a la esperada.
Los recortes según la propuesta de Economía serán vía menores transferencias a las provincias. al Anses y al Pami y postergar pagos a proveedores.
Se continúa con el castigo a los sectores más necesitados y se acentúa la política recesiva. Respecto del presupuesto del 2002, el ajuste deberá ser mayor a $ 6.800 millones, que surgirían: a) de un mejoramiento de la recaudación de casi $ 3.000 millones que se lograrían suponiendo un utópico crecimiento de la economía del 6 por ciento: b) de reducir los intereses de la deuda en $ 2.700 millones por el canje, y c) de una disminución de gastos por $ 1.200 millones.
De no cumplirse los parámetros para mantener el déficit cero será necesario afectar otras partidas del gasto, es decir, agudizar la recesión profundizando más la espiral descendente.
El caso del Pami es particularmente grave. Los recursos destinados al Pami disminuyen por la caída de la recaudación y la reducción de los aportes; para financiar los baches se recurre al aumento de sus deudas con proveedores.
Están planeando una reducción del 30 por ciento del personal y negociar con los prestadores una cápita única de menor valor.
En consecuencia, es previsible una situación de conflicto creciente que provoque una importante reducción o supresión de servicios. Respecto del Anses la situación es que el pago de jubilaciones no está garantizado. Se prevé bajar los pagos de salario familiar y seguro de desempleo.
En Economía se está elaborando un proyecto que retoma aspectos de reforma previsional que fueran frenados por la Justicia.
Se trata de reducir la prestación básica universal para los futuros jubilados y, de esa forma, disminuir las erogaciones a cargo del Estado.
Otro tema conflictivo es el de la coparticipación, especialmente teniendo en cuenta el resultado de las elecciones del 14 de octubre.
De acuerdo con el compromiso con el Fondo Monetario Internacional acordado por el gobierno, debe enviarse al Congreso una nueva Ley de Coparticipación de Impuestos Nacionales que dará lugar a previsibles enfrentamientos, sobre todo con las provincias gobernadas por el Justicialismo.
Hay, además, otro proyecto en danza: el reemplazo de los planes Trabajar y otros similares por un subsidio de 150 mensuales a jefes o jefas de hogar desempleados, a través de una tarjeta magnetizada recargable mensualmente y que obligará a los comerciantes a tener sistemas computarizados.
También se impulsó una propuesta de la Asociación de Bancos Argentinos que recomienda devolver el IVA a los consumidores que abonen con tarjeta de crédito: huelgan los comentarios.
Estos son algunos elementos que nos permiten suponer que si continúa la aplicación de este tipo de política nos encontraremos con un panorama cada vez más negativo.
La sensación simple es que el Gobierno busca desesperadamente patear la pelota hacia delante.
Respecto del Anses la situación es que el pago de jubilaciones no está garantizado.
Se prevé bajar los pagos de salario familiar y seguro de desempleo. En Economía se está elaborando un proyecto que retoma aspectos de reforma previsional que fueran frenados por la Justicia.
Se trata de reducir la prestación básica universal para los futuros jubilados y, de esa forma, disminuir las erogaciones a cargo del Estado.
Otro tema conflictivo es el de la coparticipación, especialmente teniendo en cuenta el resultado de las elecciones del 14 de octubre.
De acuerdo con el compromiso con el Fondo Monetario Internacional acordado por el gobierno, debe enviarse al Congreso una nueva Ley de Coparticipación de Impuestos Nacionales que dará lugar a previsibles enfrentamientos, sobre todo con las provincias gobernadas por el Justicialismo.
Hay, además, otro proyecto en danza: el reemplazo de los planes Trabajar y otros similares por un subsidio de 150 mensuales a jefes o jefas de hogar desempleados, a través de una tarjeta magnetizada recargable mensualmente y que obligará a los comerciantes a tener sistemas computarizados.
También se impulsó una propuesta de la Asociación de Bancos Argentinos que recomienda devolver el IVA a los consumidores que abonen con tarjeta de crédito: huelgan los comentarios.
Estos son algunos elementos que nos permiten suponer que si continúa la aplicación de este tipo de política nos encontraremos con un panorama cada vez más negativo.
La sensación simple es que el Gobierno busca desesperadamente patear la pelota hacia delante.
Las contradicones se suceden: se plantea devolver el IVA a los sectores de ingresos medios y altos que disponen de tarjetas de crédito, pero el 60 por ciento de la población que está desempleada o subocupada o trabaja en negro no tiene tarjeta.
Se lanzaron convenios de competitividad que lo único que logran es reducir recaudación del Estado porque no aumentó ni e nivel de actividad ni la recaudación
Hace cuarenta meses que nuestro país padece una crisis que se agudiza día a día.
Cayó la inversión y el consumo, la deuda externa sigue aumentando y ya supera la mitad del PBI, los intereses de la deuda absorben el 25 por ciento del Presupuesto Nacional.
El índice del riesgo país y, consecuentemente, el nivel de tasas de interés torna impracticable desarrollar cualquier proyecto de inversión.
No se puede esperar con estas condiciones crecimiento alguno para el próximo año.
El salario real sigue su tendencia bajista con una tasa de desempleo del 17 por ciento y con un índice de pobreza del 40 por ciento.
Nuestra país posee un enorme stock de recursos humanos y materiales sin utilizar y, mientras tanto, porcentajes crecientes de la población no alcanzan a cubrir sus necesidades más elementales.
El supuesto que maneja el Ministerio de Economía parece ser el de que las tasas deben bajar y el consumo se incrementará por arte de magia.
La realidad les indica día tras día que ese supuesto no opera, que el modelo neoliberal no responde a las necesidades del país, degrada la fuerza de trabajo, deteriora sus posibilidades productivas, desapareció el funcionamiento de la banca del Estado que estimule los proyectos genuinos, se alienta la transnacíonalización de la economía y la proliferación de toda clase de corrupción.
La Argentina se ha transformado en una calidad "Premium” del capitalismo más perverso.
Frente a este cuadro de situación conviene recapacitar acerca de la necesidad imperiosa de un cambio de rumbo económico fundado en un fuerte proyecto político y social.
Es necesario un gobierno de nuevo tipo que ejerza el derecho soberano de nuestra nación a mantener relaciones políticas y comerciales en un plano de igualdad con todos los países del mundo, defendiendo la producción nacional del dumping, de los subsidios y trabas de diversa índole que dificultan la colocación de nuestra producción en el exterior y permiten la invasión de productos a precios irrisorios para que compitan con los nuestros.
Expresamos nuestra coincidencia con la propuesta de la CTA de basar el desarrollo en provocar una redistribución del ingreso a partir del seguro de empleo y formación, cuya viabilidad ha sido sobradamente demostrada, y, además, proteger y estimular la producción y el trabajo nacionales.
El impulso de la nueva política debe generarse a partir de un vasto movimiento social que desarrolle las nuevas formas de democracia participativa, en la que el aval del pueblo organizado a través de las diferentes Organizaciones No Gubernamentales señale el camino de la nueva democracia.
Es el único camino para que se disipen las negras nubes del ya oscuro horizonte.
TESIS 11 - N° 60 / noviembre - diciembre 2001
TESIS 11 - N° 60 / noviembre - diciembre 2001
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