por Oscar Exposito
No es posible
crecer en forma indefinida en un planeta con recursos finitos
El capitalismo desde su aparición
tiene como característica central el crecimiento indefinido
El equilibrio indispensable
solamente podrá lograrse en un sistema post capitalista
Hasta finales del siglo XVIII la
relación del ser humano con la naturaleza permaneció en un relativo equilibrio
Con la revolución industrial se
inició un desajuste que se profundizó en el siglo XX con una triple fractura
metabólica: la energética, la agrícola y la mineral.
Fractura
energética: si inicia
con el abandono relativo de las fuentes de energías renovables que predominaban
hasta entonces: molinos de viento, de agua, tracción animal, calor del
sol. La primera quiebra surge con la
adopción del carbón durante la primera etapa de la Revolución industrial y del
petróleo durante la etapa siguiente.
Un medidor del impacto es la Tasa
de Retorno Energético que relaciona la cantidad de energía a utilizar para
obtener una nueva cantidad de energía
TER de diferentes
fuentes de energía
Petróleo: en 1920 era 100,
descendió a 12 en 2007 (en promedio) según el método empleado… el fracking
tiene un TRE de 5, el biodiesel de 1.3
Energías renovables: TRE= 20
(promedio)
Eólica y la solar: TRE 10 (aunque
fluctuante en función de la tecnología utilizada, los factores ambientales, etc.)
Fractura agrícola: Se genera por la
sustitución de los métodos tradicionales de agricultura (rotación de cultivos,
barbecho, utilización de heces de animales como cultivo) por métodos de
fertilización mineral, uso de nitratos y plaguicidas químicos que van
produciendo una mineralización de los suelos, pérdida de humus y de la capacidad regenerativa de la tierra;
con el agregado que un 40% de la cosecha
mundial de cereales no está destinada al consumo humano, sino, a pienso
para ganado: es decir una estrategia ineficiente para la producción de alimentos.
Fractura mineral:
El
capitalismo sustituyó los materiales tradicionales (barro, piedra madera) que
se encontraban cercanos a los lugares de utilización y con poca necesidad de
transformación por una minería intensiva a lo largo y ancho del planeta y
también por la explotación indiscriminada de bosques y espacios verdes
naturales.
La
revolución informática también contribuyó a acentuar el desequilibrio: la “nube”
como concepto etéreo, que se encuentra en el espacio, en realidad está alojada
en centros de alojamiento y procesamiento que consumen enormes cantidades de agua
y energía incrementando, además, la demanda de minerales como el litio, columbio,
tantalio, coltan, etc.
La triple
fractura metabólica impacta también en el clima. Existe consenso científico acerca
de las consecuencias del aumento de las temperaturas y la contaminación sobre
la corteza terrestre, el calentamiento, se acelera con el desencadenamiento de
nuevos fenómenos climáticos y el aumento del nivel del mar.
Se prevé
un aumento de 1.5 grados el aumento de la temperatura durante los próximos cinco
años lo que constituye, para el científico Johan Rockström, un límite
planetario.
Está claro
quiénes serán los más perjudicados por estas amenazas: los trabajadores y las
clases populares y en especial el sur
global, donde el desplazamiento de poblaciones que sufren los desastres y el
cambio climático buscarán desplazarse masivamente.
Mientras
tanto el capitalismo desarrollado no cesará en avanzar sobre los recursos
naturales, (que necesita para seguir su proceso de acumulación) con la
proliferación de nuevos conflictos para lograr aprovisionarse.
Las
maniobras del imperialismo en especial el de Estados Unidos y sus socios es más
que evidente. La necesidad de producir beneficios para sus empresas requiere un
crecimiento anual promedio del 3% anual que le permita formación de capital y
generación de utilidades.
Este
proceso agrava el panorama. El capitalismo impulsa un constante aumento del
consumo con lo cual incrementa la demanda de energía (en gran medida
desperdiciada). Un caso paradigmático es el consumo de alimentos: el
desperdicio en los sectores acaudalados y su contrapartida el hambre y la
misera entre lo más necesitados.
La crisis y el marxismo:
Desde el
marxismo surge la necesidad de plantear un cambio social hacia nuevos
paradigmas. Proponer nuevas formas de lucha en torno a alternativas: políticas,
económicas y culturales.
Está claro
que el cambió ecológico es incompatible con el funcionamiento de la economía
global predominantemente capitalista.
Será
necesario plantear un cambio en el modelo actual, basado en el beneficio
privado, por un sistema de provisión de bienes y servicios que no esté sujeto a
la mejora de la tasa de ganancia de los empresarios.
En resumen,
volver a plantear las fuentes y las bases del pensamiento marxista, como única fuente
ideológica de construir un paradigma ecológicamente sustentable.
La
evolución del panorama mundial obliga a incluir los nuevos fenómenos dentro de
la estrategia política. Aparecen lo que Manuel Sacristán denominó “nuevos
problemas post leninianos”. Se trata de un conjunto de fenómenos nuevos que la tradición marxista no pudo considerar por ser
posteriores a su época.
Durante
las primeras seis décadas del siglo XX, la teoría predominante de los Partidos
Comunistas fue la de plantear la contradicción entre fuerzas productivas y
relaciones de producción, contradicción que aún subsiste. No obstante, el
concepto de lucha de clases debe incluir, además, la lucha por resolver la
contradicción a nivel global.
El capitalismo en su etapa actual esta cada
vez más concebido para una creciente concentración de la riqueza y del poder en
los sectores concentrados; en una orientación que conduce a un eco-fascismo,
debido a la alienación de la sociedad de consumo y su prédica constante para
estimular la apetencia por nuevos bienes materiales.
El
desenlace más cruel de este panorama son los escenarios bélicos, con
tecnologías y armamentos sofisticados que agreden doblemente, por su poder destructor
de vidas y por el desastre natural que dejan a su paso.
Recuperar
el alma revolucionaria del marxismo debe incluir la nueva realidad, la lucha
contra el imperialismo debe desnudar las facetas de su política agresiva con el
mundo del sur global, de las minorías discriminadas, de los países saqueados
por sus políticas inhumanas.
Sacristán
hablaba de “fuerzas productivas-destructivas”, un concepto para no olvidar, son
los que debemos tener en cuenta para orientar su desarrollo en la dirección que
favorezca a las mayorías populares.
El grado
de riqueza que a logrado la sociedad nos lleva a definir que el problema no es
el crecimiento sino la distribución. La producción de bienes y alimentos en
especial, es más que suficiente para abastecer a los 8.000 millones de
habitantes del planeta, allí está la base del problema.
Los
trabajadores, las clases populares deben ser las que tomen la iniciativa, es
decisiva la toma de conciencia, de la transformación de “clase en si de clase
para si”
La tarea
es imprescindible “ahora”, los márgenes temporales disponibles son escasos, es
un camino difícil pero no por ello debe ser abandonado, la derrota solo
engendrará una gran tragedia para las mayorías populares.
Pensemos
como posible un marco gramsciano de asedio al poder, de una renovación de la
cultura popular, estimulando nuevos valores que enfrenten la banalidad de la
industria del consumo capitalista, considerando la defensa del ecosistema y la
luchas contra la concentración de la riqueza como ejes centrales.
Es
necesario destruir los engaños de los esquemas del capitalismo que consagran el
consumismo como eje de la “felicidad”, promocionando a su vez medidas
reformistas como panaceas ante la catástrofe ecológica: sustituir el automóvil
de gasolina por el eléctrico…aumentar el precio del peaje para desincentivar el
uso del automóvil… “que pague el que contamina” es decir si pago puedo
contaminar…etc. son “soluciones “verdes”
de la social democracia incapaz de proponer cambios de fondo.
Como diría
Gramsci: no solo la fuerza es necesaria, debemos construir el consenso, ganar
la batalla cultural. Lamentablemente la hegemonía actual la poseen los amos del
status quo, sin embargo, no perder las esperanzas, el discurso, la prédica y
las propuestas pueden cambiar el fiel de la balanza.
Será
tiempo de no caer en afirmaciones pesimistas, como decía Lenin: en ocasiones la
historia se acelera, en meses la historia puede recorrer años, la realidad
jugará su papel, la necesidad de medidas urgentes será cada vez más evidente.
Barcelona,
3/11/2023
Bibliografía:
Lenin (Ob.
compl)
Gramsci (Las antinomias)
Revista Común, 16-10-2023
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