google-site-verification=FRCu69N9a4YBX7KF3q4H3foYbM2P4dGbY Marxismo y mercados: Marxismo y crisis climática

viernes, 3 de noviembre de 2023

Marxismo y crisis climática

 por Oscar Exposito

No es posible crecer en forma indefinida en un planeta con recursos finitos

El capitalismo desde su aparición tiene como característica central el crecimiento indefinido

El equilibrio indispensable solamente podrá lograrse en un sistema post capitalista

Hasta finales del siglo XVIII la relación del ser humano con la naturaleza permaneció en un relativo equilibrio

Con la revolución industrial se inició un desajuste que se profundizó en el siglo XX con una triple fractura metabólica: la energética, la agrícola y la mineral.

Fractura energética: si inicia con el abandono relativo de las fuentes de energías renovables que predominaban hasta entonces: molinos de viento, de agua, tracción animal, calor del sol.  La primera quiebra surge con la adopción del carbón durante la primera etapa de la Revolución industrial y del petróleo durante la etapa siguiente.

Un medidor del impacto es la Tasa de Retorno Energético que relaciona la cantidad de energía a utilizar para obtener una nueva cantidad de energía

TER de diferentes fuentes de energía

Petróleo: en 1920 era 100, descendió a 12 en 2007 (en promedio) según el método empleado… el fracking tiene un TRE de 5, el biodiesel de 1.3

Energías renovables: TRE= 20 (promedio)

Eólica y la solar: TRE 10 (aunque fluctuante en función de la tecnología utilizada, los factores ambientales, etc.)

Fractura agrícola:  Se genera por la sustitución de los métodos tradicionales de agricultura (rotación de cultivos, barbecho, utilización de heces de animales como cultivo) por métodos de fertilización mineral, uso de nitratos y plaguicidas químicos que van produciendo una mineralización de los suelos, pérdida de humus  y de la capacidad regenerativa de la tierra; con el agregado que un 40% de la cosecha  mundial de cereales no está destinada al consumo humano, sino, a pienso para ganado: es decir una estrategia ineficiente  para la producción de alimentos.

 

Fractura mineral:

El capitalismo sustituyó los materiales tradicionales (barro, piedra madera) que se encontraban cercanos a los lugares de utilización y con poca necesidad de transformación por una minería intensiva a lo largo y ancho del planeta y también por la explotación indiscriminada de bosques y espacios verdes naturales.

La revolución informática también contribuyó a acentuar el desequilibrio: la “nube” como concepto etéreo, que se encuentra en el espacio, en realidad está alojada en centros de alojamiento y procesamiento que consumen enormes cantidades de agua y energía incrementando, además, la demanda de minerales como el litio, columbio, tantalio, coltan, etc.

La triple fractura metabólica impacta también en el clima. Existe consenso científico acerca de las consecuencias del aumento de las temperaturas y la contaminación sobre la corteza terrestre, el calentamiento, se acelera con el desencadenamiento de nuevos fenómenos climáticos y el aumento del nivel del mar.

Se prevé un aumento de 1.5 grados el aumento de la temperatura durante los próximos cinco años lo que constituye, para el científico Johan Rockström, un límite planetario.

 

Está claro quiénes serán los más perjudicados por estas amenazas: los trabajadores y las clases populares y en especial  el sur global, donde el desplazamiento de poblaciones que sufren los desastres y el cambio climático buscarán desplazarse masivamente.

Mientras tanto el capitalismo desarrollado no cesará en avanzar sobre los recursos naturales, (que necesita para seguir su proceso de acumulación) con la proliferación de nuevos conflictos para lograr aprovisionarse.

Las maniobras del imperialismo en especial el de Estados Unidos y sus socios es más que evidente. La necesidad de producir beneficios para sus empresas requiere un crecimiento anual promedio del 3% anual que le permita formación de capital y generación de utilidades.

Este proceso agrava el panorama. El capitalismo impulsa un constante aumento del consumo con lo cual incrementa la demanda de energía (en gran medida desperdiciada). Un caso paradigmático es el consumo de alimentos: el desperdicio en los sectores acaudalados y su contrapartida el hambre y la misera entre lo más necesitados.

La crisis y el marxismo:

Desde el marxismo surge la necesidad de plantear un cambio social hacia nuevos paradigmas. Proponer nuevas formas de lucha en torno a alternativas: políticas, económicas y culturales.

Está claro que el cambió ecológico es incompatible con el funcionamiento de la economía global predominantemente capitalista.

Será necesario plantear un cambio en el modelo actual, basado en el beneficio privado, por un sistema de provisión de bienes y servicios que no esté sujeto a la mejora de la tasa de ganancia de los empresarios.

En resumen, volver a plantear las fuentes y las bases del pensamiento marxista, como única fuente ideológica de construir un paradigma ecológicamente sustentable.

La evolución del panorama mundial obliga a incluir los nuevos fenómenos dentro de la estrategia política. Aparecen lo que Manuel Sacristán denominó “nuevos problemas post leninianos”. Se trata de un conjunto de fenómenos nuevos que la  tradición marxista no pudo considerar por ser posteriores a su época.

Durante las primeras seis décadas del siglo XX, la teoría predominante de los Partidos Comunistas fue la de plantear la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción, contradicción que aún subsiste. No obstante, el concepto de lucha de clases debe incluir, además, la lucha por resolver la contradicción a nivel global.

 El capitalismo en su etapa actual esta cada vez más concebido para una creciente concentración de la riqueza y del poder en los sectores concentrados; en una orientación que conduce a un eco-fascismo, debido a la alienación de la sociedad de consumo y su prédica constante para estimular la apetencia por nuevos bienes materiales.

El desenlace más cruel de este panorama son los escenarios bélicos, con tecnologías y armamentos sofisticados que agreden doblemente, por su poder destructor de vidas y por el desastre natural que dejan a su paso.

Recuperar el alma revolucionaria del marxismo debe incluir la nueva realidad, la lucha contra el imperialismo debe desnudar las facetas de su política agresiva con el mundo del sur global, de las minorías discriminadas, de los países saqueados por sus políticas inhumanas.

Sacristán hablaba de “fuerzas productivas-destructivas”, un concepto para no olvidar, son los que debemos tener en cuenta para orientar su desarrollo en la dirección que favorezca a las mayorías populares.

El grado de riqueza que a logrado la sociedad nos lleva a definir que el problema no es el crecimiento sino la distribución. La producción de bienes y alimentos en especial, es más que suficiente para abastecer a los 8.000 millones de habitantes del planeta, allí está la base del problema.

Los trabajadores, las clases populares deben ser las que tomen la iniciativa, es decisiva la toma de conciencia, de la transformación de “clase en si de clase para si”

La tarea es imprescindible “ahora”, los márgenes temporales disponibles son escasos, es un camino difícil pero no por ello debe ser abandonado, la derrota solo engendrará una gran tragedia para las mayorías populares.

Pensemos como posible un marco gramsciano de asedio al poder, de una renovación de la cultura popular, estimulando nuevos valores que enfrenten la banalidad de la industria del consumo capitalista, considerando la defensa del ecosistema y la luchas contra la concentración de la riqueza como ejes centrales.

 

Es necesario destruir los engaños de los esquemas del capitalismo que consagran el consumismo como eje de la “felicidad”, promocionando a su vez medidas reformistas como panaceas ante la catástrofe ecológica: sustituir el automóvil de gasolina por el eléctrico…aumentar el precio del peaje para desincentivar el uso del automóvil… “que pague el que contamina” es decir si pago puedo contaminar…etc. son  “soluciones “verdes” de la social democracia incapaz de proponer cambios de fondo.

Como diría Gramsci: no solo la fuerza es necesaria, debemos construir el consenso, ganar la batalla cultural. Lamentablemente la hegemonía actual la poseen los amos del status quo, sin embargo, no perder las esperanzas, el discurso, la prédica y las propuestas pueden cambiar el fiel de la balanza.

Será tiempo de no caer en afirmaciones pesimistas, como decía Lenin: en ocasiones la historia se acelera, en meses la historia puede recorrer años, la realidad jugará su papel, la necesidad de medidas urgentes será cada vez más evidente.

Barcelona, 3/11/2023

 

Bibliografía:

Lenin (Ob. compl)

Gramsci (Las antinomias)

Revista Común, 16-10-2023

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