El enfoque neoclásico es el modelo dominante en
la enseñanza de la teoría económica en casi todas las facultades de economía
del mundo. Es la mainstream o corriente central, por otra parte se relega la explicación
de otras teorías del pensamiento incluyéndolas en materias complementarias como
pueden ser: Historia del pensamiento económico, Historia económica, Sociología
económica, etc., pero, los cursos centrales de Macro y Microeconomía se basan y
desarrollan en sustentadas en el pensamiento neoclásico.
Los modelos y desarrollos que, aún dentro del enfoque Macro se han creado al margen del pensamiento neoclásico, si se mencionan, en general se los considera periféricos y como casos marginales del cuerpo central de la teoría dominante.
Un ejemplo claro es el de la propuesta
Keynesiana, desde su origen pasando por todos los aportes posteriores que en
general se la incorpora en la síntesis neoclásica, es decir diluida dentro de
la teoría dominante.
De tal forma los estudiantes cargan su bagaje
de conocimientos con conceptos adheridos a propuestas tales como la teoría del
equilibrio general, el mercado competitivo, el consumidor racional, la eficiencia
de los mercados, la función de producción, las curvas de indiferencia, el
óptimo de Pareto, el libre comercio, etc. etc.
Pareciera que todo este arsenal solamente tiene
un interés teórico sin mayor incidencia en la aplicación cotidiana; en la
realidad no es así. Estas teorías son las utilizadas en la formación de
economistas que asumen la ideología propuesta en el modelo y en base a ellas
generan políticas económicas que de tal forma vinculan los dogmas y mitos
teóricos con la praxis ideológica.
La ventaja que tienen estos economistas frente
a otras profesiones (como los médicos) es que no son condenados por mala praxis.
Pueden llevar a cabo los procesos más desastrosos en materia económica y salir
luego por la puerta del Ministerio e incorporarse a una empresa privada o a un
organismo internacional sin ningún cargo por lo que han generado.
Estos “expertos” en los planes extremos de
ajuste se convierten en verdaderos sicarios económicos al servicio de los
intereses de las multinacionales y de los amos imperiales, aplicando recetas
como la del Consenso de Washington y otras de similar orientación.
Los economistas noveles egresan para
convertirse en empresarios, ministros o asesores impregnados con la ideología
del modelo, para eso los han formado, de donde surgen, inclusive ingenuamente,
propuestas que afectan a los sectores populares, a la degradación ambiental,
etc. etc.
No es que no reconozcan que esos valores son
importantes, lo que ocurre es que el modelo las trata como variables exógenas,
es decir ajenas a su ámbito, esas problemáticas quedan fuera del modelo.
Su tratamiento queda en el ámbito de la política, la ecología u otras
ciencias sociales, pero ajeno al modelo económico. La prueba de fuego es cuando
estalla una crisis económica. Allí hay que salir a buscar fallas del modelo y
explicaciones ad-hoc. Y esto no es la excepción, es un clásico en la economía
del capitalismo.
Luego de épocas de prosperidad en el sistema sobreviene la crisis en las
que se pone a prueba la solidez de la teoría. Ejemplos históricos sobran (Gran
depresión de 1929, crisis del petróleo de 1973, crisis financiera del 2008,
etc.etc.).
Al respecto Paul Krugman
planteó en su columna del New York Times un artículo titulado
“¿Cómo los economistas pudieron equivocarse tanto?” en setiembre del 2009 (https://www.nytimes.com/2009/09/06/magazine/06Economic-t.html?auth=login-smartlock)
“Es difícil de creer ahora, pero no hace mucho
los economistas se felicitaban por el éxito de su campo. Esos éxitos, o
eso creían ellos, fueron tanto teóricos como prácticos, lo que condujo a una era
dorada para la profesión. …” “…El año pasado, todo se vino abajo. Pocos economistas aciertaron
en su pronóstico ,. Más importante fue la ceguera de la profesión ante la
posibilidad misma de fallas catastróficas en una economía de mercado”.
Y agrega:” Pocos economistas vieron venir nuestra crisis actual,
pero este fracaso predictivo fue el menor de los problemas del campo. Más
importante fue la ceguera de la profesión ante la posibilidad misma de fallas
catastróficas en una economía de mercado. Durante los años dorados, los
economistas financieros llegaron a creer que los mercados eran inherentemente
estables, de hecho, que las acciones y otros activos siempre tenían un precio
justo. No había nada en los modelos prevalecientes que sugiriera la posibilidad
del tipo de colapso que ocurrió el año pasado. Mientras tanto, los
macroeconomistas estaban divididos en sus puntos de vista. Pero la
división principal fue entre aquellos que insistieron en que las economías de
libre mercado nunca se descarrían y aquellos que creían que las economías
pueden desviarse de vez en cuando, pero que cualquier desviación importante del
camino de la prosperidad podría y sería corregida por la todo poderosa Fed.”
El fracaso conceptual es
producto de aplicar una teoría que demostró ser errónea, que se basa en la
belleza matemática de los modelos y en tanto se ignora la dura y compleja realidad.
Es que así funcionan los modelos neoclásicos, incluyendo complejos desarrollos en los que introducen supuestos para permitir la
formulación matemática pero que los alejan de la realidad.
Cuestionando
a la ortodoxia del pensamiento económico John Kenneth Galbraith, por su parte, dirigió sus críticas más
agudas tanto al estado de la economía como al campo académico, que
premiaba cada vez más al trabajo matemático estéril, primero bajo el paraguas
de la síntesis neoclásica y luego del monetarismo.
Argumentaba
al respecto que las instituciones económicas y sociales están regidas por un
proceso de constante cambio, en tanto el compromiso ideológico, que permanece
aferrado a los ideales conservadores y por lo tanto es estático.
El
“triunfo” de la ideología del libre mercado y del análisis marginal, (triunfo
que en la práctica es una derrota), es el producto de una negación de la
historia y de la evolución de las relaciones sociales. Es producto de la
represión de toda voz crítica y la promoción de la utopía de libre mercado y de
la difusión mediática repetida hasta el hartazgo del dogma neoliberal que presenta
a la economía casi como una ciencia exacta e infalible.
Los
promotores del libre mercado son encargados de difundir una tarea añeja: “el
conservador moderno participa en uno de los más antiguos ejercicios de
filosofía moral del hombre: la búsqueda de una justificación moral para el
egoísmo”.
Mientras tanto, otros economistas fueron
relegados a estudiar las minucias irrelevantes de la economía. Los especialistas, como los llama Galbraith,
“excluyen con una superioridad moral lo que no es conveniente saber. Al economista especializado se le ahorra los
modestos esfuerzos de inteligencia que le permitirían un acercamiento con las
políticas relevantes y las relaciones sociales que definen la economía…Al
ubicar a la economía en un campo no político, la teoría neoclásica destruye la
relación entre la economía y el mundo real.
Pero en este mundo, el poder es decisivo y determinante en lo fáctico. Por
esa razón el economista neoliberal manipula palancas, pero a estas palancas no
hay ninguna maquinaria que les responda.”
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