"Para que la mundialización funcione, los Estados
Unidos no deben tener miedo de actuar como la superpotencia invencible que es
en realidad... La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño
invisible…
McDonald's no puede extenderse sin Mc Donnel Douglas, el
fabricante del f-15. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de
las tecnologías del Silicon Valley. se llama el ejército, la fuerza aérea, la
fuerza naval y el cuerpo de marines de los EE.UU."
Firmado: Thomas Friedman* (Consejero de la ex Secretaria de
Estado Madeleine Albright.)
(del artículo publicado el 28/3/1999 en el New York Times
Magazine)
Otro mundo es posible...
Durante la última semana de enero, simultáneamente con el
Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), se celebró en la ciudad de Porto
Alegre el primer Foro Social Mundial (FSM), bajo el lema “Otro mundo es posible…
vamos a construirlo juntos..."
La feliz decisión de los organizadores del evento tiene
lugar en circunstancias muy especiales para el mundo en general y para Brasil
en particular.
En las recientes elecciones el Partido de los Trabajadores
de Brasil venció en 187 alcaldías (entre ellas la de San Pablo) y fueron
electos 2.485 concejales en todo el país.
En esa elección tuvo una gran importancia el modelo de
gobierno que se lleva a cabo desde hace ya diez años en la ciudad de Porto
Alegre y actualmente en el Estado de Río Grande do Sul, en el que se desarrolla
una importante experiencia de democracia participativa y, además, se advierte
un incremento constante del caudal de votos del PT.
La realización del Foro colmó con creces las expectativas
de los organizadores. Se esperaban 2.500 participantes y llegaron más de 12.000
de 117 países, de los cuales 104 fueron panelistas especialmente invitados,
personalidades del quehacer político, cultural y económico.
Los organizadores dividieron el tratamiento de las
ponencias en cuatro ejes temáticos:
1) La producción de riquezas y la reproducción social
-en este espacio,
Víctor de Genaro, de la CTA, actuó como presidente del panel que trató el tema
“Cómo construir un sistema de producción de bienes y servicios para
todos", y, además, por la Argentina también participaron el economista
Jorge Beinstein y Francisco Dos Reis, presidente de Apyme, (entre otros);
2) El acceso a las riquezas y a la sustentabilidad;
3) La afirmación de la sociedad civil y de los espacios
públicos, y
4) Poder político y ética en la nueva sociedad.
La propuesta del
comité de organización expresaba que el Foro "será un espacio para la
reflexión y la organización de todos los que se oponen a las políticas
neoliberales y están construyendo alternativas para priorizar el
desenvolvimiento humano"; la intención es repetir el encuentro anualmente,
en simultaneidad con el que desde 1971 se celebra en Davos como expresión de
los defensores del pensamiento neoliberal y que es financiado por más de mil
empresas multinacionales.
Bernard Cassen -director de Le Monde Diplomatique- expresó
que Porto Alegre no se realiza contra Davos, es a la inversa, porque en Porto
Alegre está la sociedad civil y en Davos los accionistas y agregó:
"...debemos pensar globalmente, con propuestas de intercambio de
experiencias y conocimiento. Esta primera edición del FSM es el punto de
partida para recuperar treinta años de Davos".
El propósito de los organizadores del Foro es que de las
intervenciones de los participantes surjan medidas alternativas, se produzcan
intercambios de experiencias, se generen propuestas y proyectos entre las
Organizaciones No Gubernamentales (ONG 's), movimientos sociales, sindicatos,
entidades religiosas, sea a nivel local, regional o mundial.
El encuentro reconoce como antecedente las movilizaciones
europeas de 1998 contra el Acuerdo Multilateral de Inversiones, la de Seattle
de noviembre de 1999 durante el encuentro de la Organización Mundial del
Comercio (OMC), y las recientes de Washington y Praga contras las políticas del
Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.
Se procura generar una corriente de opinión que reclame un
cambio de orientación en la política de estos organismos, carentes de control
democrático, generadoras de decisiones que afectan la vida de decenas de
millones de personas. Al mismo tiempo que los gobiernos tomen conocimiento de
que se impulsa generar un control exhaustivo sobre sus actos, para que no
puedan alegar que las medidas tomadas contra la población se originan en
imposiciones de esos organismos internacionales.
Además, lograr que
las organizaciones participantes y las que en el futuro se incorporen tomen
conciencia de que están generando un entramado social que enfrentará a los
poderosos intereses del capitalismo imperialista.
Los comunistas franceses presentaron trabajos como el de Jean Paul Piérot “Por
compartir y por la cooperación” al que
representó en Porto Alegre Yves Dimicoli, miembro del Colegio Ejecutivo, y
Esmeralda Cárdenas, colaboradora del Sector de la mundialización y portadora de
un documento titulado “Para una mundialización del co-desarrollo, del compartir
y de la cooperación”.
(texto difundido y llevado al conocimiento de todos desde
el sitio Internet del FSM1.)
Al afirmar que “otro mundo es posible”, la contribución de
los comunistas franceses subrayó en especial que “contrariamente a las
políticas ultraliberales, lo que hace falta no es menos ayuda pública ni menos
servicios públicos. Al contrario, son indispensables cooperaciones inéditas
entre empresas públicas y entre empresas públicas y privadas con nuevos
criterios de gestión, para responder a las necesidades humanas”.
El PCF aboga a favor de "nuevos sistemas de
financiamiento que permitan emanciparse de la dominación de los mercados
actuales y por la democratización de las instituciones internacionales, para
que garanticen el derecho a la intervención de los ciudadanos y de los
pueblos”.
Al preconizar un nuevo tipo de cooperación, los comunistas
franceses, de acuerdo con lo que Dimicoli defendió durante una intervención en
sesión plenaria, proponen marchar hacia la creación de una moneda común mundial
para contrarrestar la hegemonía del dólar.
El documento se
inclina igualmente por las normas de "un mundo de respeto y de promoción
de los derechos humanos", mencionando el derecho a la alfabetización y a
la formación, al autoabastecimiento alimentario, a la salud y también a la
dignidad de los enfermos, el derecho a vivir en seguridad y en paz, el derecho
a la energía, al agua y al transporte, y a una democracia participativa.
Presentes en distintos encuentros del Foro, los comunistas
franceses expresaron sobre el terreno su solidaridad con las acciones de
resistencia, en particular las de los campesinos sin tierra.
Fue con ese espíritu que, a invitación de Joao Pedro
Stedile, presidente del Movimiento de los Sin Tierra (MST), se trasladaron a la
fábrica Monsanto ocupada por los campesinos.
El Foro fue también un lugar privilegiado de encuentros con
los partidos y movimientos progresistas, que fueron numerosos para la
delegación del PCF. El grupo, con la participación de Francis Wurtz, fue
también recibido por José Dirseu, presidente del Partido de los Trabajadores
(PT), quien expresó su deseo de profundizar las relaciones entre los dos
partidos en el espíritu de un "co-acompañamiento estratégico” entre las
dos formaciones progresistas. ‘
La aspiración es que
se constituya un foro de "contrapoder planetario de los ciudadanos" y
la justificación es contundente: "El tercer mundo, los pobres y excluidos
de los países desarrollados sufren duramente los efectos de las políticas devastadoras
de la globalización liberal y la dictadura de los mercados, conducida por la
elite del FMI, del Banco Mundial, la OMC y los gobiernos que les son
fieles".
En el transcurso de las deliberaciones fue interesante
observar el nuevo papel de las ONG's que, de ser, por ejemplo, exclusivamente
defensoras del ambientalismo, comenzaron a incorporar a sus demandas temáticas
vinculadas con los problemas sociales.
Por su parte, los partidos políticos también empiezan a
comprender la necesidad de relegar viejas aspiraciones vanguardistas para
convertirse en partícipes del nuevo sistema democrático.
DAVOS
Si bien existen
diferentes eventos que anualmente reúnen a los popes más influyentes de la
política y la economía capitalistas, tales como Aspen, grupo Bilderberg, la
Trilateral, entre otras, a Davos se lo ha definido como el politburó del
imperialismo, centro exclusivo de discusión acerca de cómo conducir el proceso
de globalización y, en especial, cómo vender ese producto a todo el planeta.
Fue el instrumento utilizado para impulsar las políticas
iniciadas en las décadas del 70 y del 80 con Pinochet, Thatcher y Reagan. De su
seno surgieron iniciativas de trascendencia mundial, como la Ronda Uruguay del
GATT -que luego dio origen a la formación de la OMC- y del Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (NAFTA).
Su creador, Klaus Schwab, tenaz organizador, virtuoso
lobbysta, profesor de economía empresarial, admirador de Karl Popper, es el
gran bastonero y administrador de este muy rentable club de ricos en el que
anualmente se dan cita integrantes de gobiernos, organismos internacionales,
ONG's, personalidades tan dispares como Yasser Arafat, críticos de la
globalización como Vivían Forrester (autora de El horror económico) o
intelectuales como Umberto Eco y representantes de grandes empresas
multinacionales (que, además, aprovechan para desarrollar contactos y
negocios).
Durante el reciente Foro de Davos se realizaron 313
encuentros formalmente establecidos, además de reuniones informales coloquios
de trabajo -que generan contactos de alto nivel entre políticos y empresarios.
El mecanismo de discusión es siempre básicamente el mismo:
encuentros de una hora y media de duración, lapso en el cual una mesa de cuatro
o cinco panelistas da lugar a la presentación global, y un moderador experto en
el tema en cuestión se transforma en un drástico árbitro para controlar que
cada panelista no se exceda de los 8 minutos acordados a cada intervención.
A continuación, se da lugar a las preguntas de los
concurrentes. La proliferación de reuniones obliga a los asistentes a elegir
dos o tres por la mañana y dos o tres por la tarde.
La metodología repitió lo ocurrido en años anteriores, los
debates, más que a generar ideología, parecían destinados a analizar procesos
reales, conflictos y dificultades.
La visión que habitualmente emanaba de los encuentros era
la de una sociedad mundial abierta, integrada y capitalista. En Davos 2001, sin
embargo, ocurrieron hechos nuevos. Entre ellos, dos acontecimientos marcaron
una diferencia. Por un lado, la economía de los Estados Unidos no tiene ya la
perspectiva floreciente de hace un año y, por el otro, los reclamos por la
injusta situación social de la mayoría de los habitantes del planeta que tuvo
que ser tenida en cuenta.
Hasta tal punto estuvo presente el tema de la desigualdad
que, entre los actos programados, se proyectó una película sobre la pobreza en
el mundo y una de las consignas del Foro expresaba: "Reducing the
divides" (reduciendo las divisiones), que aludía a la preocupación de los
organizadores de Davos por el incremento de la polarización de la riqueza.
Seguramente motivada más en función de sus propios
intereses que por su conciencia.
Se repitieron una y otra vez los datos globales de la
distribución de los ingresos de la actual etapa de la globalización: sobre una población
de 6.000 millones en el mundo, 1.200 millones de personas viven con menos de un
dólar diario, y 3.000 millones (el 50 por ciento de la población mundial)
sobreviven con sólo dos dólares diarios.
El Producto Bruto Interno (PBI) de los Estados Unidos es el
25 por ciento del total mundial. Un habitante de Etiopía gana en un año lo que
un suizo gana en un día.
Surgieron voces de advertencia y reconocimiento de hechos: El
presidente del Banco Mundial, James Wolfenson, admitió que el 20 por ciento de
la población mundial se lleva el 80 por ciento de los ingresos y que el gasto militar
insume 25% de los presupuestos para
evitar las manifestaciones de protesta, que en la cumbre económica más importante del
mundo globalizado se iba a proyectar una película sobre la pobreza en el
planeta, que se escucharían
discursos-como el de Vandana Shiva, de la Fundación para la Ciencia y la
Ecología de la India- afirmando que el actual proceso de globalización,
especialmente en las barreras que ponen los países ricos a los productos agrícolas
de los más miserables, constituye un "genocidio en una escala que la
humanidad nunca ha conocido... ¿de qué competencia nos hablan cuando cinco
grandes corporaciones monopolizan el comercio mundial de semillas?".
Pero a medida que se desarrollaba el Foro fue evidente que
las opiniones se polarizaban.
Pero al avanzar el Foro, en las sucesivas intervenciones de
los participantes se advertía que un cambio de tono. Davos no se ha convertido
de un solo golpe en una suerte de keynesianismo global. Las respuestas en
general adelantadas preconizan una prosecución del proceso de liberalización,
hasta proponer -a despecho de sus contradicciones una “fuga hacia delante"
en los procesos de desregulación.
Pero la inquietud en cuanto a los múltiples riesgos de
rupturas que se manifestaron es tal, que condúcel de ahora en adelante a
ciertas cumbres de los negocios o de la política a expresar su deseo de adoptar
sólidas medidas de respaldo, de regulación y de encuadre.
Es una inflexión que subraya, a su manera, los límites de
la mundialización capitalista y la extensión de la necesidad de otra
organización solidaria del planeta.
Existe un consenso generalizado: la persistencia de esta
situación es una bomba de tiempo, pero, además, la inquietud es creciente
porque a ningún sector se le escapa que la situación es cada vez peor.
Dijo el secretario general de la ONU, Kofi Annan: "Si
no podemos hacer que la globalización funcione para todos, no funcionará para
nadie".
Dios ha muerto. Marx ha muerto, y yo no me
siento muy bien... (Woody Alien)
Fin de la historia, Pensamiento único... algo está
cambiando rápidamente en el mundo.
De Davos 2000 a Davos 2001 han ocurrido cosas. Hasta hace
pocos años no era imaginable pensar que la pequeña villa alpina estaría ocupada
por parte creciente del establishment mundial que está revisando su discurso
acerca de los efectos de la globalización.
Hacia mediados de los 90 parecía que el crecimiento de las
economías de los "tigres asiáticos" (Indonesia, Corea, Malasia y
Singapur) y el desarrollo de las economías centrales se fundamentaba en la
liberalización del comercio y las finanzas mundiales.
La realidad demostró que, al mismo tiempo, se producía un
sobreendeudamiento, se sobrevaluaban las monedas y los activos físicos, y una
serie de crisis comenzaban a sucederse en el sudeste asiático, Rusia, México,
Brasil, Argentina..., con lo que la ilusión liberal comenzaba a desmoronarse
(los árboles no crecen hasta el cielo...) y, en su lugar, crecieron las dudas
acerca del posible derrame de la mayor riqueza hacia todos los sectores de la
sociedad.
Como bien afirma Ramonet (LeMonde Diplomatique):
"Durante unos diez años nos dijeron que, con el pensamiento único, con el
mercado, se iba a crear riqueza para todos. Nos decían que el mundo era como
las torres de copas de champán. Con sólo llenar la primera comenzaría a caer el
líquido y todas las otras se llenarían... dejen que los ricos se enriquezcan,
que cuando estén bien ricos van a gastar y así el champán va a llegar a todos.
Pero las estadísticas de las Naciones Unidas dicen otra
cosa. Las copas parece que no se llenan nunca”.
No todo es uniforme
Las diferentes opiniones que surgieron en Davos pueden
clasificarse, según su proveniencia, en tres sectores: los conservadores, los
reformistas y los contestatarios.
Figuras relevantes de los primeros son el número dos del
FMI:
Stanley Fisher, cuyas recetas conocemos de sobra en la
Argentina: "La globalización crea nuevas oportunidades y desafíos para los
países... Las penalizaciones impuestas por los mercados financieros a los gobiernos
nacionales, castigando a aquellos que siguen malas prácticas son un poderoso
incentivo para que las naciones se mantengan en el sendero de las reformas
económicas" (baja de salarios, mayor desocupación, reducción del déficit
fiscal vía disminución del gasto público, etcétera).
A Fisher lo acompañan otras personalidades como la número
dos de Hewlett Packard, Fiorina Carleton. Opinan en general que la
globalización funciona bien, solamente es necesario perfeccionarla.
Los reformistas, por su parte, insisten en el agravamiento
de las desigualdades y la alarmante inestabilidad del sistema financiero
internacional.
Reclaman la realización de cambios profundos en la economía
global. Este sector incluye a un amplio espectro de personalidades, muchos de
ellos funcionarios de organismos internacionales como Naciones Unidas, la
Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) y algunos empresarios europeos como el presidente de Renault,
Louis Schweitzer, y hasta el financista George Soros, quien sorprendió por su
postura a favor de la tasa Tobin.
La idea de este
impuesto fue propuesta por el Premio Nobel de economía estadounidense James
Tobin en 1972. Consiste en aplicar una tasa del 0,5 por ciento sobre los
movimientos financieros. Las estimaciones acerca de la recaudación posible
varían entre 50 mil y 300 mil millones de dólares por año. El importe recaudado
se destinaría en primer lugar a solucionar el tema de la extrema pobreza que,
según las Naciones Unidas, podría ser resuelta con 13.000 millones de dólares
anuales.
Entre los
contestatarios se agrupan particularmente miembros de ONG's, como Transparencia
Internacional, Greenpeace, Amigos de la Tierra, entre otras, que en número
importante participaron del evento.
Los integrantes de esta corriente plantean su abierta
oposición a las políticas globales que impulsan los países centrales que, en
forma unilateral, imponen reglas injustas a los países dependientes.
Un miembro de este
grupo es Joseph Stiglitz, ex economista jefe del Banco Mundial, crítico de la
reforma laboral y del sistema de salud que aplicados en países como el nuestro
y que fueron diseñados y financiados por el Banco Mundial.
Stiglitz de estar convencido de que el sistema contribuía a
aliviar la pobreza en el mundo pasó a ser un crítico feroz de las políticas de
ajuste: "...las recomendaciones del FMI y del Banco Mundial sólo conducen
al desastre. Las recetas son iguales para todos los países, como lo haría un
mal médico". Respecto del papel de los mercados financieros y su apoyo
crediticio expresó: "...a los mercados financieros les importa el éxito, y
si un país es exitoso, aunque no siga las recetas ortodoxas lo van a apoyar,
como el caso chino.
Si como pasó con la Argentina sigue sus recetas pero no
tiene éxito, los mercados lo van a castigar”.
Con respecto a la creciente crisis de la globalización y
las desigualdades sociales que genera opinó:
"En 1997 se produjo una crisis financiera global,
justamente después de un período en el que la Tesorería de los Estados Unidos
anunciaba el triunfo del capitalismo moderno y el fin del ciclo económico, y
que todo el mundo se beneficiaría con el capitalismo occidental si seguían las
recetas de las nuevas doctrinas liberales, cuando de repente aparecen las
crisis en Rusia, Brasil, Argentina, Turquía..., quedó demostrado que la receta
no era infalible.
Al principio las autoridades de los Estados Unidos
argumentaron que se trataba de problemas locales, pero a medida que las crisis
avanzaban no podían dejar de aceptar que era una crisis del sistema”.
Por su parte Lori Wallach, directora de una ONG denominada
Observatorio del Comercio Mundial, basándose en cifras del Banco Mundial
demostró que el ingreso per cápita en América latina sufrió un retroceso a
partir de 1980, año en que comenzaron a implementarse las reformas
liberalizadoras impuestas por la Ronda Uruguay del GATT.
Los pasos
siguientes
Los concurrentes a Davos asistieron a las exequias del
pensamiento único. Los paradigmas del dogma neoliberal fueron duramente
cuestionados y en forma expresa la realidad demostró su inconsistencia.
Hoy no podemos hablar de libre comercio. En los Estados
Unidos los subsidios representan el 39 por ciento de los ingresos del sector
agrícola.
La Comunidad Europea, por su parte, otorgó durante 1999 la
suma de 360.000 millones de dólares para subsidiar la producción agropecuaria y
agroindustrial favoreciendo el dumping con graves perjuicios para las economías
como la de nuestro país.
Al mismo tiempo se
exige el puntual cumplimiento de los compromisos de la deuda. Por ejemplo, en
el caso de la Argentina, en el ejercicio corriente el 21,71 por ciento del
total de erogaciones del Presupuesto Nacional está destinado a cancelar 1.246 millones de dólares en concepto de
intereses de la deuda externa.
No es de extrañar entonces que, con la profundización de
estas inequidades, se desarrollen nuevas formas de encarar las cuestiones
sociales, nuevas formas de hacer política, de avanzar por un sendero
progresista.
Como dijo en Porto Alegre el economista Samir Amin:
"Marx enseñó un modo de interpretar racionalmente al capitalismo, que sus
ciclos de acumulación son de financiación del capital, por el irrealismo de sus
inversiones no durará”.
Lo evidente es que están ocurriendo hechos de suma
trascendencia. Se desarrollan nuevas discusiones, caen paradigmas, hay cambios.
La frase elegida
como acápite no es la de un individuo aislado de los Estados Unidos, es parte
de la ideología de integrantes de la nueva administración de Bush.
Este no es un dato menor. El Foro de Porto Alegre es un
faro. En su seno convergen las opiniones de los sectores democráticos y
progresistas del planeta.
También surgirán seguramente discusiones. Por ejemplo, la
protesta de Bove y algunos grupos "verdes" en contra de los
transgénicos, originada en la defensa de intereses particulares o, en todo
caso, de las arbitrarias políticas de subsidios agrícolas.
En primer término, no está en duda que los transgénicos
sean perniciosos para la salud. Como en cambio sí lo es la utilización de
harinas animales en la alimentación de ganado. Por el contrario, su desarrollo
será un aporte a la producción de alimentos vegetales a bajo costo
contribuyendo a solucionar el problema alimenticio mundial.
Habrá que valorar esta etapa desarrollo de tecnologías no
contaminantes como el biodiesel, de gran importancia especialmente en países
como el nuestro.
Se trata del primer combustible renovable alternativo al
petróleo que puede ser comercializado en condiciones competitivas.
Pero por encima de este tipo de discusiones están las
grandes coincidencias, los grandes ejes, las reivindicaciones que plantea el
Foro de Porto Alegre: ✓Aplicación
inmediata de la tasa Tobin.
✓Suprimir
la deuda de los países del Tercer Mundo: la globalización obliga a generar
crecientes saldos exportables a precios y en condiciones competitivas, pero la
necesidad de pagar la deuda encierra a los países deudores en un círculo
vicioso del que es imposible salir.
✓Medidas
efectivas para suprimir los paraísos fiscales en los que se reciclan
diariamente los fondos de los negocios más lucrativos del mundo: comercio de
armas, drogas y coimas.
✓Reforma
de las instituciones financieras internacionales.
✓Nuevas
reglas del comercio internacional.
En fin, Porto Alegre versus Davos. Como bien dijo Eduardo
Galeano: “Porto Alegre como Cuba eligió bien al adversario: Cada cual es tan
pequeño como el miedo que siente. Cada cual es tan grande como el enemigo que
elige".
Bibliografía: Revista Tres Puntos
Diario Clarín
Página web del Forum Social Mundial
Diario La Nación Diario
El Pais digital
Folleto Attac
Fed. Judicial Arg.
Las lecciones del Foro según Lula:
”Todo el mérito de la idea,
de la iniciativa, y la enorme movilización y repercusión que ha tenido el Foro
Social Mundial les corresponde a las ocho organizaciones de la sociedad civil
brasileña que forman el Comité de Organización y a los compañeros de nuestro
país y de otros países que les dieron su apoyo. Las cité nominalmente en uno de
mis discursos en Porto Alegre y voy a hacerlo nuevamente: ABONG (Asociación
Brasileña de Organizaciones No Gubernamentales), ATTAC (Acción por la
Tributación a las Transacciones Financieras en Apoyo a los Ciudadanos), CBJP
(Comisión Brasileña de Justicia y Paz, de la CNBB), CIVES (Asociación Brasileña
de Empresarios por la Ciudadanía), CUT (Central Unica de los Trabajadores),
IBASE (Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos), CJG (Centro de
Justicia Global) y el MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra).
Los principales acompañantes fueron organizaciones y redes internacionales,
entre las cuales ATTAC de Francia, el Gobierno de Río Grande do Sul y la
Prefectura de Porto Alegre lo hicieron en condición de anfitriones oficiales y
brindando su apoyatura al encuentro. Es preciso llamar la atención sobre
algunos aspectos conceptuales de la propuesta del Foro Social Mundial que son
innovadores.
Primero: Se trata de un evento de la sociedad civil
internacional organizada. En consecuencia, no es un encuentro de gobiernos y no
está protagonizado por ellos. Tampoco es un encuentro de partidos políticos.
Evidentemente, personalidades ligadas a partidos, que tienen importancia en las
sociedades, fueron invitadas: también lo fueron autoridades gubernamentales.
Simples invitados, que no deciden sobre los rumbos del evento y que en muchos
casos si quieren hacer intervenciones deben hacerlas en el marco de la
programación definida por el Comité Organizador. Esta característica del Foro
de Porto Alegre introduce una relación nueva entre la sociedad civil organizada
y los gobiernos y partidos políticos. Reconocemos que es difícil encontrar
gobiernos y partidos que acepten participar apoyando concretamente un evento de
tal magnitud sin poder controlarlo políticamente. Mas fue eso lo que aconteció.
La elección de la ciudad de Porto Alegre no fue realizada por las
organizaciones brasileñas; fue designada por organizaciones de la sociedad
civil internacional. La prensa destacó poco este hecho, porque ello, a pesar de
lo novedoso, contraría la visión dominante de que todos los partidos y
gobiernos sólo realizan acciones junto a la sociedad civil para instrumentarla.
Segundo: No se trata de un evento deliberativo, del tipo
congreso de organización o de partido, con la obligación de emitir una sola
declaración o resolución final. Es impresionante cómo gran parte de la prensa
quedó confusa con esto, sin comprender el derecho que le asiste al Comité de
Organización de determinar esa postura, que fue presentada desde que surgió la
idea del Foro: no habrá una declaración, más podrá haber varias de todos los
que libre y autónomamente deseen aprobar entre sí posiciones comunes, y eso fue
lo que sucedió: el Foro Parlamentario Mundial sacó su resolución; el Foro
Mundial de autoridades locales (intendentes, etc.) aprobó su Carta; centenares
de movimientos sociales emitieron conjuntamente una Declaración y una combativa
agenda de luchas; el movimiento negro hizo lo mismo; el de las mujeres; el de
la juventud; y así otras tantas. Sin hablar de los cientos de talleres que
trataron los más variados temas y muchos de ellos adoptaron también decisiones
y resoluciones. Tengo la certeza de que los resultados del Foro Social Mundial
continuarán teniendo influencia positiva durante mucho tiempo. Se trata de la
introducción de nuevos parámetros, mucho más amplios y democráticos en la
cultura política de las sociedades. Defendemos valores humanos comunes y
estamos dispuestos a obtener consecuencias políticas y prácticas de ellos. Se
contraponen a los valores que rigen las políticas neoliberales en todo el
mundo. No hay un pensamiento único. Luchamos por otro mundo en el que los
valores humanos se impongan a los valores del mercado. En lugar de la
globalización del capital, aspiramos a la globalización solidaria de los
pueblos y de las naciones. Los caminos para alcanzar esa meta son diversos. El
mundo no es un mercado y eso quedó absolutamente claro en el Foro de Porto
Alegre. Luiz Inácio Lula da Silva.
Presidente Honorario del Partido de los Trabajadores y consejero del Instituto
de la Ciudadanía. Brasil. T
TESIS 11 - N° 56/marzo-abril 2001
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