La compleja situación actual de China y las profundas modificaciones
que producirá su creciente participación en el comercio internacional a partir
de su incorporación a la Organización Mundial del Comercio impactarán, sin
duda, sobre las estructuras vigentes.
En una declaracion del gobierno de China de 1993 se afirma que prevalece el socialismo de mercado bajo la dictadura democrática popular y la dirección de la clase obrera. Esta estricta definición sin embargo no alcanza a delinear las características mínimas de los grandes cambios que se fueron produciendo a partir de las reformas de 1979.
En enero de ese año, en medio de la agudización de su
conflicto con la Unión Soviética y Vietnam, se produjo el restablecimiento de
las relaciones diplomáticas de la República China con los Estados Unidos, y, en
junio, se concluyó un acuerdo comercial.
También comenzaron a
estrecharse las vinculaciones con Japón y Europa occidental. A lo largo de la
década del 80 y primeros años de la del 90, con Deng Xiaoping como figura
dominante, se estableció una política que favorecía el desarrollo comercial e
industrial atrayendo inversiones extranjeras.
Durante ese período también se dio prioridad a las reformas
rurales, lo que permitió un gran desarrollo de las fuerzas productivas (debe
recordarse que el 70 por ciento de la población es rural). La experiencia se
hizo a partir de la disolución de las comunas y los equipos de trabajo y,
además, de la introducción de cambios en la planificación, que, de estar basada
en cuotas, pasó a un sistema de contratos familiares que estipulan la venta de
una cuota de la producción agrícola al mercado regulado y los excedentes al
mercado libre.
No se alteró la propiedad comunal de la tierra; el cambio
fue a partir de un sistema de arriendo por quince años, y por treinta años en
caso de ser necesarias inversiones importantes. Sergio de la Peña* señala que
en 1984 el 97 por ciento de las familias había adherido al sistema.
En 1993 el 66 por ciento de la producción no sujeta a
monopolio estatal se comercializaba en mercados libres. Quedaban bajo monopolio
del Estado el algodón, el tabaco y los capullos de seda.
Paulatinamente fue cediendo la amenaza secular del hambre y
también se produjo un constante crecimiento de las exportaciones.
En la actualidad se
está ensayando privatizar la tierra y las instalaciones de las viejas comunas, transformándolas en
sociedades por acciones. Esas acciones o el derecho a sus rentas pueden ser
adquiridos por los agricultores. Se pasa, además, de un sistema de precios
administrados a que éstos sean fijados por el mercado. Esta reforma produjo la
división de poderes y funciones, cambiando el esquema socialista tradicional.
La actividad económica y el derecho de gestión quedaron a cargo de los
agricultores y la administración del poder político de las comunas está
separada de la gestión económica. El auge de la actividad privada causó también
el desarrollo exponencial del comercio interno, el transporte y pequeñas
industrias y talleres, lo que motivó la aparición de millones de pequeñas
empresas.
La perspectiva es que para el año 2003 China sea un competidor
mundial de primer orden en un a abigarrada gama de productos. Previamente
deberá avanzar en un modelo de modernización y modificar las estructuras que
dificultan un mayor desarrollo.
A partir de 1980 comenzó la privatización de
empresas estatales a través de la venta de acciones y su desregulación y
descentralización al transferirse su administración al sector privado a cambio
del pago de impuestos. De esa manera se produjo una reducción del peso del
sector estatal. Por supuesto también crecieron la corrupción y la especulación
y comenzó la quiebra de empresas "ineficientes".
En 1985 comenzó el funcionamiento del Sistema Económico
Mercantil Planificado ( 1985- 1992) sobre la base de cinco Zonas Económicas
Especiales (ZEE) creadas en 1980.
Estas zonas recibieron diferentes estímulos: facilidades
para importar, reducción de impuestos y de los precios de tierras y edificios
industriales. En sucesivas incorporaciones a este nuevo régimen todo el sur de
China se convirtió en zona beneficiada por los privilegios.
Impulsado por las
políticas de estímulo, la apertura de mercados, el aumento de la demanda
interna y las exportaciones, el crecimiento industrial promedio entre 1978 y
I995 fue de un 12 por ciento anual, similar al de los cuatro "tigres
asiáticos”, aunque menos publicitado por razones políticas.
El noveno Plan Quinquenal (1996-2000) propone el desarrollo
de un sistema económico moderno y competitivo, con amplia participación privada
en todas las ramas. El Estado actuará a través de grandes empresas de su
propiedad y por medio de la regulación de variables estratégicas, dentro de una
limitada planificación.
La perspectiva es que para el 2003 China sea un competidor
mundial de primer nivel en una variada gama de productos: previamente deberá
avanzar en el proceso de modernización y modificar las estructuras que
dificultan un mayor desarrollo.
Otra vez vuelven a
estar sobre el tapete las viejas discusiones sobre la eficiencia y las
limitaciones en las economías centralmente planificadas para funcionar con un
sistema de precios que no genere distorsiones en los mercados, con el agregado
de un importante sector que funciona según las reglas de la producción
capitalista.
Para los pragmáticos, sin embargo, el problema no es la
disyuntiva entre capitalismo o socialismo, sino hacer a este último más
flexible y eficiente, teniendo en cuenta la magnitud del país y su complejidad
socio-cultural.
Pero es necesario tener en cuenta que, si bien por un lado
existen expectativas favorables por las mejoras materiales y las perspectivas
de un importante crecimiento de sus exportaciones, por el otro subsisten dramáticos
problemas sociales y demográficos, entre otros, de millones de seres que viven
en condiciones paupérrimas, problemas de los que no se avizora una solución en
el corto plazo; por el contrario, la perspectiva es hacia una agudización de
los mismos.
Los dirigentes, por
su parte, pregonan que tanto las privatizaciones como la apertura al capital
externo tendrán dos límites infranqueables: por un lado, el hecho de que en
China nunca predominó la propiedad privada y que se evitará por todos los
medios la propagación de un capitalismo salvaje, y, por el otro, que existe en
el pueblo una vocación socialista que reserva un importante espacio a la
propiedad pública.
En este sentido pregonan: I) que se trata de fortalecer la
economía privada y la colectiva; 2) que el Estado regule el mercado, y 3) que
éste regule a las empresas a través de los precios.
Como propósitos parecen encomiables, pero en los hechos hoy
lo que prevalece es la eficiencia a costa de la justicia social. Pareciera
difícil superar la antinomia socialismo o capitalismo salvaje.
Como experiencia será singular y de futuro incierto. De lo
que no existen dudas es que el impacto sobre la economía mundial será
trascendental, su desarrollo impulsará profundos cambios en la estructura del
comercio internacional de los próximos año s.
*Sergio de la Peña: China ¿La vía capitalista al
socialismo?. en revista "Memoria", 20/10/2000.
TESIS 11 - N° 55/diciembre/febrero 2000/11
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